CAPITULO 9 CONFESIONES

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Sector 1-21
25 de Mayo del 2022
18:55 PM

Tobias Crane

No podía creerlo.
Mi hermano… ¿aquí?

El zumbido en mis oídos se volvió insoportable, como si mi cabeza estuviera a punto de estallar. Sentía que iba a desmayarme, pero entonces unas manos firmes se posaron en mis hombros, trayéndome de vuelta.

Sonya: Tobi… mírame.

Tobias (aturdido): Es Alexander… es él, Sonya.

Ella me miraba confundida, casi con lástima, como si algo dentro de ella se quebrara al verme así. Volví a mirar al muchacho frente a mí. Su cara, sus ojos… era él. Pero algo no cuadraba. Algo estaba fuera de lugar.

Sonya: Tobi. Alexander no está aquí. ¿Estás bien?

Tobias: Sí… sí, lo estoy.

Chester: Perdón por meterme, Sonya, pero creo que me está confundiendo con alguien más.

Sonya (sarcastica): ¿En serio?

Tobias: ¿Podés decirme quién es este?

Sonya: Su nombre es Chester Díaz. Es un mecahumano, como yo. Lo conocí hoy en la consulta con el psicólogo. ¿Pero por qué lo llamaste Alexander?

Sin decir nada, saqué mi celular y le mostré una foto. En ella estábamos Alex y yo, en el campo, con mi telescopio. Sonya la tomó, y con gesto incrédulo, se la mostró a Chester.

Sonya (en voz baja): No puede ser…

Chester: A ver… dame ese teléfono.

Pero la reacción de Chester no fue lo que esperaba. No se sobresaltó, no se mostró confundido ni negado. Sólo suspiró y bajó la mirada, casi apenado.

Chester: Chale… lo siento, hermano.

Eso me sacó de quicio. Le arranqué el teléfono de las manos.

Tobias: ¿Por qué soy el único que ve lo absurdo de esto? ¡Mírenlo! Es igual a mi hermano menor. Solo… más grande. ¿Nadie más lo nota?

Sonya: Ey, no sos el único. Yo también estoy sorprendida. Pero no podemos…

Me dejé caer al suelo, con la espalda contra el portón. Cerré los ojos, tratando de ordenar mis pensamientos, pero solo sentía un agujero creciendo en el pecho. Mientras tanto, Chester le susurraba algo a Sonya. Ella se metió a la casa. Él, en cambio, se sentó a mi lado, sin decir nada al principio.

Chester (con calma): Nunca tuve un hermano, ni una hermana…
¿Lo extrañás, verdad? Sé que es obvio, pero igual…

Tobias (sin mirarlo): Lo extraño cada noche.
Ya no puedo mirar las estrellas sin que me duela. Era nuestro momento. Vos no lo entenderías… no sos él.

Chester calló un momento. Luego habló, con una voz más firme.

Chester: Entonces… ayúdame a entender, menso. Sé que no soy ese Alexander. Pero ¿sabés a quién me recordás vos?

Me levanté de golpe, enojado, y él también se puso de pie.

Tobias: ¿A quién? ¿Eh? ¿A quién te recuerdo?

Chester: A todas tus variantes, pendejo.
No importa el universo, todos tienen algo en común: No piden ayuda. Se tragan todo. Sufren solos. Y eso, tarde o temprano, todo eso va a quebrarte, inbecil.

Tobias: ¡No sabés nada de mí! ¡No me conocés!

Chester: No. Pero sé lo que veo. Y te pareces demasiado a Dexter… y él terminó hecho mierda. Mirá, si seguís guardándote todo eso, te vas a enfermar. De verdad.

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