El Jefe de la Mafia es ...

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Desperté por el sonido de la  duchas, me encontraba sola  y desnuda en la enorme cama, el Jefe se estaba bañando, según parecía, me levanté y me puse mi ropa interior, después tome una bata que se encontraba en el buró junto a mi, me levanté con cuidado, un espasmo invadió mi parte baja, apenas y podía sostenerme, el pequeño espasmo de dolor, no me dejaba caminar rápido, mi vestido estaba roto y la cama tenía manchas de sangre, demostrando lo que había pasado anoche.

Con pasos pequeños, me dirigí a la puerta y cuando estaba apunto de salir una voz en mi espalda me detuvo, era sensual y varonil.

Jefe:. A dónde vas, quien te ha dejado irte?

Cuando voltee el Jefe estaba envuelto en una toalla y de su cabello escurrían gotas de agua por el y por su cara sería , se veía tan perfecto, ese cuerpo escultural y esa cara tan atractiva, solo pude sonrojarme y responder.

Ann:  nadie, pero pensé que podía ir a bañarme a la habitación donde está la ropa de mujer - dije queriendo huir de hay.

Jefe: Puedes bañarte aquí

Ann: No, no tengo ropa y no quiero

Jefe: Ela te traerá un cambio de ropa, desayunamos juntos, así que báñate rápido - dijo

No dije nada más, me dirigí a la ducha, al fin y al cabo ese hombre ya había visto todo mi cuerpo, no quería seguir peleando, me sentía un poco cansada así que me dirigí al baño, cuando entre un olor varonil y delicioso invadió mis fosas nasales, me desnude y entre a la ducha, el agua estaba tibia y mientras caía por mi cuerpo, el dolor que sentía empezó a desaparecer, lave bien mis partes bajas y pude notar que tenía varios chupetones en mi cuello y uno en un pecho, termine de bañarme.

Me envolví en la toalla y vi mi reflejo en el espejo, pensé que me sentiría miserable, asqueada o sucia pero no fue así me sorprendia el hecho de que los chupetones se fundían con mi piel como si fueran parte de ella.

Salí del baño y me encontré con la mirada brillante del Jefe, estaba ya vestido, tenía un traje negro de nuevo ese mismo que lo hacía verse  tan imponente, me dirigió una mirada deseosa y yo rodee los ojos.

Con el rostro sonrojado mire la cama, en ella  encontré un conjunto naranja y ropa interior, el hombre frente a mí no se fue, sentí su mirada penetrante mientras me quitaba la toalla , me vio cambiarme sin importarle lo que yo pensaba.

Cuando estuve lista, salimos en dirección del comedor, el caminaba frente a mi, lucía tan imponente y yo a su lado me sentía un poco nerviosa, más pequeña.

Llegamos al comedor, habia un desayuno perfecto para ambos, el se sentó en la silla principal y yo me senté a su lado en silencio.

Jefe: Come bien- dijo con un tono que pareció dulce, mientras yo asentía .

Comimos en silencio y cuando terminamos mi dueño no me dejó ir, me miro espectante y me dijo con esa voz tan varonil.

Jefe: Como te sientes?

Ann: como debería de sentirme, después de ser forzada por ti - dije molesta

Jefe:. forzada, anoche no parecía que lo odiaras tanto, hasta parecías disfrutarlo.

Ann: pues si, me usaste y que, al fin y al cabo para eso me compraste, no hables de mi como si te importará, no sabes de qué hablas.

Jefe: Si me importa, eres mia y todo lo mío es importante,.

Ann:. Tuya, ni siquiera se tú nombre, acaso tú sabes el mío, no soy un objeto del que puedas disponer cada vez que lo desees.

Jefe: si, te llamas Ann y yo me llamo Alan, soy el Jefe de la Mafia Rusa, dueño de las mayores franquicias químicas,  no lo veas así tu eres mí mujer y yo te daré  lo que me pidas.

Ann:  quiero mi libertad, déjame ir, por favor, Alan yo no quiero estar aquí.

Alan: no, eso no, tú eres mía, todo lo que quieras menos irte de mi, he pasado mucho tiempo solo y en tus brazos por fin me siento completo, no insistas no puedes irte.

Ann:  entonces no quiero nada, eso no me importa yo solo quiero volver a casa - dije casi llorando

Alan:. Lo siento no pidas algo imposible, tu eres mia y no podrás irte nunca.

Ann: Eres un ser despreciable sin sentimientos, te odio.

Se levantó molesto, casi tiro la silla,  me miró con enojo y se fue dejándome sola, estaba tan triste, no lo pude convencer, esto demostraba que no podría escapar nunca, que me debía hacer a la idea de ser la mujer del Jefe de la Mafia.

Tenía un lindo nombre, Alan, lastima que se enojara con rapidez, lastima que fuera un ser sin sentimientos.

"Ahora es hora de usar mis encantos, tal vez si lo convenzo de que confíe en mí, podré escapar"

Vendida a la Mafia Rusa Donde viven las historias. Descúbrelo ahora