Cap 10: El Consejo Negro

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Aemond Targaryen afila su espada en la soledad de su habitación. El viento rugia con fuerza desde su ventana cuando su abuelo entró sin ser invitado. 

-No me gusta que me interrumpan así, lord Mano. -Aemond estaba demasiado molesro para llamar a Otto abuelo.

-Has estado encerrado en esta habitación por días, has afilado tanto esa espada que no me sorprendería que cortase más profundamente que Fuegoscuro. -lo regañó su abuelo. -este es el momento de actuar Aemond, se avecina una guerra y se requiere tu parecencia. -el príncipe no le respondió. - Tú familia te necesita. 

 -Ahhh si... por supuesto. -se reía Aemond. -la vieja historia. Tú no sabes lo que siento abuelo, no tienes idea. Cuando el enemigo esté en nuestras puertas avísame, hasta entonces no quiero...

-Si entiendo...-lo interrumpió Sir Otto, mientras abría y cerraba sus manos con impotencia. - entiendo más de lo que crees muchacho. Tú nunca lo supiste, pero heredaste tus... inclinaciones, de tu madre. Ella era... sentía una gran afinidad por la princesa Rhaenyra.

-... -Aemond quedó petrificado ante semejante revelación. Sabía que su madre y su hermana habían sido muy unidas cuando eran jóvenes, pero jamás imaginó que la antipatía de ambas surgiera de un sentimiento tan opuesto como el amor.

"¿Terminaremos Luke y yo odiándonos de esa forma?"

Aemond no se esperaba hacer tal descubrimiento sobre su madre, pero incluso esa noticia parecía irrelevante ante la confesión que estaba a punto de realizar su abuelo. 

-Y ambos... lo habéis heredado de mí. 


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-¿Mi hijo a vuelto? -se sorprendió Rhaenyra.

-Algo habrá hecho el Tuerto.  -se burló Daemon. -lo que me sorprende es que Rhaenys lo acompañe.

Lucerys había hecho una parada en Marcaderiva para dar la alarma sobre la traición Hightower. Lord Corlys no tardó en enviar cuervos a todos los señores del Mar Angosto para convocarlos a Rocadragón, para el momento en que Ala de Plata y Meleys aterrizaron, la mayoría de los barcos ya habían zarpado para rendirle tributo a su legítima Reina.

La noticia de la muerte de su padre no le había sentado nada bien a Rhaenyra. El embarazo se le había adelantado, y el bebé, que resultó ser una niña, había nacido sin vida. La Reina lloró a su hija, todos sus hijos eran hombres, había deseado en reiteradas ocasiones a una niña.

 "Debí rezar también por su salud. "

Rhaenyra no tenía tiempo para lágrimas, todos los ojos estaban sobre ella, y la llegada de Sir Harrold y Sir Erryk no hizo más que aumentar la intensidad de las miradas de los presentes. Cuando Daemon puso la antigua corona del Rey Jaehaerys sobre su cabeza, los señores ya no la veían como una princesa, ahora tenían frente a ellos una Reina, y Rhaenyra actuaría como tal.

-¿Cómo estamos? -preguntó tan pronto como se sentó en el trono de la mesa pintada, el mismo desde el cuál Aegon I había planificado la conquista de Poniente. 

-Tenemos treinta caballeros, un centenar de ballesteros y trescientos soldados. Rocadragón es fácil de defender pero estamos muy lejos de formar un ejército conquistador. -informó el ahora Rey Consorte. 

No era un secreto para nadie que aún sumando todos los señores del Mar Angosto (excepto los Velaryon) no sumaban ni 5.000 espadas entre todos. Solo la casa Hightower contaba con más del doble de ese número, y no se debe olvidar que "el Usurpador" contaba con el apoyo tanto del Dominio como de Roca Casterly. 

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