Cap 25: Justicia

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—¡¡¡¿Qué yo qué...?!!!

Gritaba Lucerys, luego de su "celebración", se habían reunido con el resto de la familia en la fortaleza principal de la cuidad de Ladera. Donde luego de muchos regaños por los nada sutiles, de hecho, inexistente intentos de la joven pareja por disimular un poco su relación. Daemon le había dicho al Velaryon que debía ser él quien ejecutara a los traidores.

—Yo estoy herido. — le recordó el rey consorte.— Aemond y Daeron eran Verdes hasta hace poco, y Rhaenys es una mujer. Eres el segundo en la línea de sucesión Luke, por lo tanto, la persona de mayor autoridad en este campamento.

—Ganarte el respeto de los señores del Dominio resultaría mucho más fácil si esos hombres no los hubieran escuchado a ambos gemir en la intimidad de una tienda. — Rhaenys le lanza una mirada severa al tuerto. —¿De verdad les resulta tan difícil controlarse?

—¡¡¡Si!!!— respondieron los dos a la vez.

—Te diré lo mismo que le dije a tu hermano antes de dejarlo en el oeste Lucerys, su momento llegará, su madre y yo no viviremos por siempre. Algún día ustedes serán reyes y necesitarán imponerse sobre el resto de las grandes casas. No te voy a recriminar como si fuera una vieja septa, pero necesitas aprender a lidiar con este tipo de situaciones, y tú. — Daemon toma Hermana Oscura y se la arroja a Aemond. — necesitarás esto.

—No. —el tuerto hizo un intento por devolver la espada. — Solo reclamaré esa espada el día que pueda derrotarte en un duelo. Ese día está cerca, pero aún no ha llegado.

—Yo nunca seré rey, Daemon. —le recordó Luke.

—Nunca digas nunca pequeño, en cuanto a ti. —se gira hacia su sobrino, encontrando sus iris violetas con el único ojo que le quedaba a Aemond. — Esa espada solo puede ser usada por el mejor guerrero de la casa Targaryen. Hasta que me recupere, ese eres tú. Lo cual es lamentable por supuesto, una clara muestra de que nos encontramos en decadencia, pero es así.

Todos sabían que eso era lo más parecido a un elogio que Daemon podía expresar hacia alguno de los hijos de su hermano con Alicent Hightower, por lo que nadie dijo nada más, el asunto estaba zanjado. Lucerys recorrió la habitación central para colocarse en el trono del señor de Ladera. Aemond y Daeron iban a su derecha, Rhaenys y ser Addam a su izquierda. A su alrededor se escuchaban murmullos, incluso algunas risitas hipócritas.

"Que piensen lo que quieran, los dragones estamos por encima de las leyes de los hombres y de los dioses."

—¡Tráiganlo!— ordenó.

Ulf el traidor fue llevado hasta él. Sorprendentemente, el hombre aún dormía cuando un balde de agua helada le fue arrojado.

—¡¡¡Ahhhh!!!— el hombre se retorcía por el frío. — Malditos idiotas ¿Cómo se atreven a tratar de esta manera al futuro señor supremo del Dominio? Todos se convertirán en el desayuno de mi dragón.

—Ya es medio día, creo que es un poco tarde para un desayuno ¿No cree usted, mi lord? — se burla Lucerys desde su espalda. El hombre quedó petrificado al ver a la comitiva. Cuatro personas con el cabello plateado en pie, y un quinto con rasgos "fuertes" sentado en el trono. La situación le resultaba divertida al Velaryon, pero lo cierto era que proyectaba una imagen bastante imponente. El traidor estaba genuinamente intimidado.

—¿Pe...pero, co...cómo? — tartamudeaba el hombre, le costó mucho trabajo recuperar el habla. — No sé como hicieron para capturarme, pero Martillo aún tiene a Vhagar, será mejor que se rindan antes de...

Las risas a su alrededor lo hicieron callar, claramente algo no iba bien. Incluso los Targaryen/Velaryon sonrían despreocupados ante una amenaza tan hilarante.

Amores y DragonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora