Cap 30: Difícil Decisión

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"¿Cómo pudo pasar esto?"

Esa era la pregunta que se hacían todos. Cuando el Rey Jaehaerys y la Bondadosa Reina Alysanne anunciaron su casamiento, muchos afirmaron que el reino solo lo aceptó porque estaban cansados de años de guerra y solo deseaban la paz ¿Habría sido diferente si Lucerys y Aemond no hubiesen dado la noticia al terminar la Danza de Dragones? Tal vez, pero eso nunca lo sabremos.

Los cuervos volaron de cada esquina del reino cargados de propuestas de matrimonio. Los lores en la corte tuvieron la insolencia de decir que Aemond no era un candidato apropiado para casarse con el futuro rey, mientras que los señores menores se limitaron a preguntar si Lucerys tomaría a más de un consorte, como había hecho su antepasado cuando conquistó los 7 reinos. Sugiriendo que, en tal caso, su hijo le parecía una opción adecuada para desempeñar esa tarea.

—Tranquilo, esto terminará tan pronto como anunciemos que el heredero será mi hermano Joffrey. — Aemond estaba descontrolado, quería decapitar a todos los que habían tenido la osadía de presentarse como candidatos a esposos de Lucerys, y luego pretendía continuar hasta que cada cuervo enviado fuera tragado ante él por el hijo del señor que lo había enviado.

No se puede decir que las propuestas fueran muy coherentes, de hecho, una de las principales críticas era que Aemond era un segundo hijo, pero irónicamente, la mayoría de los candidatos también lo eran. Los lores no arriesgarían a sus herederos, pero todos tenían segundos y terceros hijos sin posibilidades de heredar nada, pero saludables y bien parecidos. Si alguno de ellos tenía la oportunidad de llegar a convertirse en rey, acostarse con un hombre era un pequeño precio a pagar.

—¡¿Qué no es para tanto?!— gruñe Aemond. — cuando le ponga las manos encima a Dalton Greyjoy se arrepentirá de haber nacido.

De todas las misivas que habían recibido hasta ahora, sin duda la más ofensiva era la de las Islas de Hierro, cuyo joven señor solo era tres años mayor que Lucerys. Un joven que "sin duda" no tenía noción del peligro a juzgar por la carta que había enviado.

Si lo que el príncipe quiere es una verga solo debe pedirlo, pues no encontrará en todo el reino una más grande que la mía. Sin dudas los dioses son sabios, pues tampoco existe hombre que la sepa usar mejor que yo. Si me acepta, viajaré a Desembarco del Rey junto con mi gran polla para servirle con devoción cada noche. Le aseguro que quedará muy satisfecho con un esposo como yo.

Después de leer esto, fue necesaria la intervención de toda la guardia real para evitar que Aemond montara a Vermithor y volara hacia Pyke para reducirla a cenizas.

—¿Podrías dejar de reírte por favor? — pregunta Lucerys, Daemon había sido víctima de un ataque de risa desde que comenzaron a leer las cartas.

—Jajajaja ¿Cómo... cómo podría no reírme? — se burla el rey consorte. — No sabes cómo desearía que mi abuelo estuviera vivo para ver esto.

—Si estuviera vivo, el disgusto lo habría matado. — le asegura Rhaenys.

Jaehaerys Targaryen fue un magnífico rey, tal vez incluso mejor que el propio Aegon el Conquistador. Pero también era un hombre con una idea muy arraigada de lo que era moralmente correcto. Todos los presentes podían afirmar sin temor a equivocarse que el Viejo Rey jamás aprobaría esta boda. Resultaba bastante irónico que fueran los nuevos jinetes de su dragón y del de su esposa quienes fueran a casarse.

—Todo este circo terminará tan pronto como se anuncie que mi hermano Joffrey será quien heredará la corona.

—¿Estás seguro que es eso lo que quieres? — pregunta lord Corlys.

—¿Qué estás diciendo? Fuiste tú quien dijo que necesitábamos un rey que produjera herederos para asegurar la línea principal. — le grita Lucerys

Amores y DragonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora