– Un total imbécil... –después de unos eternos e incómodos segundos de silencio decidí abrir la boca y comencé a caminar para salir del paso– Vamos o no llegaremos a las 10...
– ¡Espérame! –comenzó a caminar rápido para alcanzarme y llevar el mismo ritmo–
– Oye, ¿dónde vamos? –bajé mi ritmo recordando que no tenía idea de la dirección–
– A la casa de Sara.
– Eso ya lo sé, gran idiota.
– Entonces no preguntes si ya sabes. –él nunca me había respondido así, si no fuera porque luego se le escapó una risita, tal vez me habría enojado, idiota–
– Lo único que te estoy pidiendo es que inclines tu cabecita para que tus únicas dos neuronitas existentes hagan contacto y me digas cuál es la maldita dirección. –mostré una sonrisa sarcástica y algo victoriosa–
– Qué graciosa, Jessy... –imitó mi sonrisa irónica– yo me sé la dirección, no olvides que ya he ido solo antes, tú limítate a seguirme.
Y otra vez volteaba todo a su favor. ¿Era necesario restregarme en la cara que había ido solo antes? Todo parecía indicar que sí.
Ante tal respuesta solo me dispuse a aceptar a Mark como guía, y no quise hablar durante el camino, o mejor dicho, tal vez mi orgullo no me permitió hacerlo, por miedo a que el chico de los ojos azules volviera a tomar el control absoluto dejándome sin comentarios.
El pequeño viaje hacia la casa de Sara comenzaba a tomar un curso que se me hacía un tanto familiar, y mientras más avanzábamos, más conocido se me hacía, tanto que comencé a ponerme nerviosa, me desesperaba el hecho de reconocer las calles y lugares en que nos íbamos internando.
– ¿Qué pasa? Estás como inquieta. –Mark se detuvo y me interrogó–
– Na-nada, ¿por... qué nos detenemos aquí? Ya son las 10, apurémonos. –su mirada intensa sobre mí me incomodaba al punto de hacerme titubear notoriamente, además de que justamente nos habíamos detenido en una casa que yo conocía muy bien–
– Jessy... –me tomó suavemente del brazo notando mi impaciencia en los movimientos involuntarios que mi cuerpo realizaba– No tenemos que apurarnos, es aquí.
– ¿Aquí? –sentí que la temperatura de mi cuerpo bajó de golpe al mirar la casa que tenía en frente de mí– Tal vez es al lado, ¿no te confundiste?
– No... –miró hacia la casa como para cerciorarse– ya te dije que ya he...
– Sí, sí, ya sé, ya has venido antes. –lo interrumpí antes de que pudiera completar esa frase que lograría tensarme aún más–
– ¿En serio estás bien? Te pusiste muy pálida de pronto. –Mark me miraba preocupado examinando cada parte de mi rostro–
– No es nada, seguro es por el frío.
– ¿Bromeas? No hace nada de frío. Tal vez te estás enfermando, mejor te llevo a casa.
– ¡No! Deja de cuidarme tanto, Blair. –ya estaba ahí, necesitaba entrar y descubrir qué estaba pasando– Vamos a entrar, ¿si?
Me echó una última mirada dudoso de si hacerme caso o no, pero finalmente aceptó mi decisión y cuando se disponía a tocar el timbre, lo detuve, prefería tocar la puerta, así me aseguraba de que ella no me viera por la discreta cámara que recordé que había allí, de esa manera no la prevenía.
Respiré profundamente antes de que los recuerdos en aquella casa volvieran a inundarme como un invasivo tsunami. ¿Esto era casualidad?
– ¡Mark! Ya llegaste... –pareció que iba a abrazarlo o algo así, pero su entusiasmo disminuyó al verme ahí y se quedó estática, creo que no soy la única a la que le cuesta disimular– y trajiste a Jessica...
– Sí, sobre eso... no hay problema, ¿verdad? –me recordó a la vez en que hice que Mark fuera a mi "cita" con Carlos–
– Por supuesto que no... –me dirigió una mirada con ironía en su interior– Bienvenida a MI casa.
– ¿Cómo estás, Sara? –nos saludamos con un beso hipócrita en la mejilla–
– Bien, querida, ¿y tú? –"Qué ganas de quitarle esa falsa sonrisa que también ha de ser toda plástica como ella." Me agrada que estemos de acuerdo, pero no es el momento, adorado subconsciente–
– De hecho muy bien. –Mark nos miraba tratando de entender por qué nos comportábamos así, ya saben, a los chicos les cuesta más captar nuestras indirectas–
– Perdona, ni siquiera te he saludado. –se acercó más de lo suficiente o necesario y abrazó a Mark propinándole un beso en la mejilla suave y largo, lo que lo tomó desprevenido provocando que solo atinara a posar sus manos en la espalda de ella– Bueno, entremos, ¿no?
Sara entró de las primeras meneando su gran trasero plástico, mientras Mark me hacía gestos de que no tenía nada que ver con las manifestaciones cariñosas que ella le hacía, y yo me limitaba a rodar los ojos.
Es cierto que mi temperatura había bajado instantáneamente cuando vi la casa que Mark me señalaba, pero cuando pensé que no podía ser peor, al entrar, sentí un aire muy frío en la espalda, y luego este recorrió todo mi cuerpo en un segundo, como si mi sangre se hubiera congelado e intentara circular con torpeza, lo que me hizo quedar estática en el marco de la puerta, sin poder disimular mi asombro al ver el interior de la vivienda.
– Querida, ¿no piensas entrar? –me interrogó Sara un poco impaciente–
– Claro que sí, es solo que... –avancé torpemente y cerré la puerta, intentando que al menos mi cerebro lanzara una respuesta lógica– tienes una casa muy...
– ¿Muy...?
– Muy parecida a la de un amigo que tuve. –¿es en serio, cerebro? ¿No pudo ocurrírsete algo más absurdo?–
– Seguro te trae muchos recuerdos... debiste querer bastante a ese amigo tuyo... –afirmó como si entendiera perfectamente lo que me pasaba y quisiera molestarme–
– Da igual. ¿Qué haremos? –cuestioné para cambiar de tema–
– La verdad es que las anteriores veces que vine, nos centramos en pintar, así que ya acabamos con eso, creo que solo nos falta acomodar los muebles que Sara compró y algunos que conservó de su tío... –Mark me contestó sonando un poco aliviado de al fin poder hablar y tomar parte de la conversación–
– ¿Su tío?
– Sí, es que... –se apresuró a contestar nerviosamente– tengo un tío que me regaló algunos muebles que ya no iba a usar... cuando supo que me independizaría.
– Qué bien, ¿y cómo fue que llegaste a esta casa? Digo, si es que se puede saber... –sentía que nada era casualidad–
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Señorita Smith
Teen FictionLas decepciones amorosas son de esas cosas que no pasan de moda. ¿Quién no ha sufrido por amor? Yo sí, y Jessica también. Jessica Smith es una adolescente de 17 años que tiene el corazón roto. Aunque tuvo un novio, sus experiencias amorosas no han...
