Capítulo 27: Giros inesperados.

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–Mark, es mi mamá. –levantó su torso de la cama y se sentó en ella–

–Creo que es mejor que contestes.

–Sí, de acuerdo pero, ¿qué le digo? –se mordió el labio inferior en señal de preocupación–

–Dile que llegas en media hora.

–¿Y cómo le vamos a hacer para que salga de aquí sin que tu papá se dé cuenta?

–Ya lo veremos, contesta antes de que...

–¿Hola? [...] Sí, mamá, voy en camino. [...] Está bien, no te preocupes. [...] Perfecto, nos vemos, adiós.

–Te diré lo que vamos a hacer.

#Narra Lucas

Todo esto es un poco raro, de pronto sentí la necesidad de volver a lo que era mi vida en Sidney, aunque es cierto que estoy harto de vivir aparentando aquí en New York. Puede que lo consideren impulsivo, aquí estoy, haciendo mi maleta. Me levanté bastante temprano, de esta manera, en un par de horas, apenas mis padres se vayan a trabajar, tomaré el vuelo que me llevará de vuelta a mi pasado.

Hace un par de días estoy organizando todo y al fin estoy listo para dar mi última pelea.

*

6:30 en New York, 21:30 en Sydney.

Estoy arriba del avión, ya no hay marcha atrás, nada podrá detenerme. Australia, voy por ti.

Me preocupa un poco la reacción de mis padres, aunque desde que llegamos a esta maldita ciudad, dejé de importarles. Espero que la carta que les dejé sea suficiente para que entiendan mis motivos, creo que es difícil que se opongan, ellos adoraban a Jess, sobre todo mi mamá, ella soñaba con que nos casáramos, era su prototipo de nuera perfecta.

Tengo casi todo planeado, llegaré a buena hora a mi destino y mi prima estará esperándome en el aeropuerto, es una suerte contar con ella, desde que llegó a vivir en la que era mi casa en Sidney, lo único que ha hecho es apoyarme, ella será el verdadero conector entre Jess y yo, ella apartará al idiota de Mark de mi camino, lo mejor que se me pudo ocurrir es ponerme en contacto con ella, y gracias a eso, he estado al tanto de todo. Porque hay que decirlo, la estúpida de Michelle no me sirvió de nada.

#Narra Jessica

–Y así de fácil, mi querida... Jessy –esbozó una sonrisa luego de contarme su plan–

–Bien, no es tan complicado, pero solo hay dos opciones: o sale bien, o sale bien.

–Todo saldrá bien... –besó mi frente– Haz lo que te dije.

Mark salió de la habitación, y en cuanto lo sentí bajar las escaleras, fui rápida pero cautelosamente hacia el baño de la segunda planta, cerré la puerta y me quedé a oscuras en una esquina. Pronto sentí las voces de Mark y David junto con sus pasos en la escalera.

–¿Por qué repentinamente quieres hablar, eh?

–Es que... simplemente no pude concentrarme en estudiar luego de lo que hablamos, pienso que deberíamos terminar de conversar de... eso.

–¿A qué te refieres con... "eso"?

Luego los oí entrar a la habitación de Mark y la puerta se cerró. Mi corazón latía fuerte, era un plan sencillo pero, no podíamos equivocarnos o tendríamos que dar muchas explicaciones.

Pasó alrededor de un minuto y se abrió la puerta del baño, haciendo el mínimo ruido July me tomó y bajamos las escaleras rápidamente. Ella abrió la puerta y se despidió de mí con gestos. De forma rápida pero silenciosa me dirigí a mi casa y respiré antes de abrir la puerta. Al parecer todo había salido bien.

#Narra July

No fue nada complicado, pero si papá se daba cuenta era peligroso, Mark y yo lo conocemos. Y no, ninguno de los dos quería en ese momento una charla de sexualidad.

Siempre me había llevado bien con mi hermano, debía ser así. Luego de la muerte de mamá nos teníamos casi solamente el uno al otro, pues papá se concentró en trabajar, por su dolor supongo, así que prácticamente nos crió Brianna, la mejor nana que papá pudo encontrar, ella estuvo con nosotros alrededor de 10 años y luego falleció, tenía su edad. Aún recuerdo sus cabellos suaves y rizados ya plateados por la vejez, siempre olían tan bien cuando me abrazaba, y nunca olvidaré sus consejos, las veces en las que limpió mis lágrimas causadas por algún chico rompecorazones, esa mujer fue una bendición de Dios.

Mark y yo nos habíamos vuelto más unidos todavía desde que habíamos llegado a Sydney, él había cambiado y necesitaba apoyo, un apoyo que yo no podía negarle. Agradezco inmensamente que haya dejado el mal camino por el que iba en New York, pero esto no podía repetirse, Mark tenía que hacer las cosas bien con Jessica y, pensándolo bien, no creo que le haya contado acerca de su antigua forma de ser.

Después de pensar en todo esto, recordé que debía ir a tocar la puerta de Mark en señal de que ya estaba todo listo. Subí las escaleras con normalidad y detuve mi puño antes de que golpeara la puerta.

–Y por favor, recuerda no decirle nada a July, yo tengo que hacerlo.

–Bien, pero prométeme que lo harás.

–Te lo prometo, hijo. No quisiera que llegara y la tomara por sorpresa, su reacción podría ser muy mala, tu hermana es algo impredecible a veces.

–De acuerdo, me alegra que lo veas así, y ella también tiene derecho a saber, como yo.

–Así es, bueno, ya está todo hablado supongo, iré a pedir una pizza para que nadie haga nada, ¿está bien? –sentí que papá tomó la manilla del otro lado de la puerta–

–Espera, papá. No te preocupes, July y yo podemos... preparar la cena... –había olvidado tocar la puerta y seguramente Mark pensaba que aún no estábamos listas–

–No, nada de eso, pediré una pizza, y quizás veamos alguna película. –papá abrió repentinamente y se topó frente a frente con una mirada seguramente confundida: la mía– July, ¿estabas...?

–¿Qué tienes que decirme para que no me tome por sorpresa?

–¿Por qué estabas tras la puerta oyendo? Yo no te enseñé eso.

–Te hice una pregunta. –sin pensarlo comencé a elevar la voz, si había algo que odiaba era que me ocultaran cosas–

–No es momento de hablar de eso. –pasó por mi lado y bajó las escaleras mientras yo me quedé inmóvil mirando a mi hermano que estaba dentro de la habitación–

–¿Y tú? ¿No vas a decirme nada?

–Lo siento, no me corresponde a mí...

–Ah, qué bien, pensé que nos teníamos confianza, Mark.

–July, yo no pue...

–Está bien, déjalo así, ya veo que no. –bajé rápidamente las escaleras con la vista un tanto empañada, directo a mi habitación–

–Juliana... –llamó mi padre– Ok, hablémoslo...

–¿Ahora quieres hablarlo? Fíjate que yo no.

Aseguré mi puerta para que nadie pudiera molestarme y me acosté tomando entre mis manos la foto de mamá. No sabía qué tenía que decirme papá que le costaba tanto, pero lo imaginaba y se me había quitado hasta el hambre, siempre temí que llegara este momento. ¿Otra mujer? No había entrado ninguna en casa después de mamá, además de Brianna claro. Definitivamente no sé si pueda soportarlo.



Señorita SmithHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora