Capítulo 11
La luz golpeo el rostro de Allison al mismo tiempo que el martilleo y las voces en el exterior arrancaran los remanentes del sueño en su cuerpo y la despertaron.
Sus pestañas aletearon al abrir sus ojos, mientras se acostumbraba al brillo que inundaba la habitación descubriendo que el sofá en el que su madre había dormido esa noche estaba vacío y reacomodado en una esquina.
Arrojando las sabanas a un lado salió de la cama descartando su ropa de noche y remplazándola por un pantalón de mezclilla azul, una playera roja y las zapatillas deportivas que había tomado de una tienda durante la última excursión a la ciudad.
Después de todo por lo que habían pasado, tener que actuar con normalidad parecía incluso irónico, pero su madre necesitaba esto y de alguna manera que no admitiría, ella también.
Hacia demasiado calor en Dallas esas últimas semanas para seguir usando su chaqueta, así que Allison prescindiría de ella hasta la siguiente salida, si es que su madre los dejaba salir.
Camino tranquilamente rumbo al comedor reacondicionado de la escuela secundaria, donde se habían asentado unos cuatro meses atrás cuando la encontraron durante su huida de los infectados.
La mayoría de las personas que habitaban la secundaria llegaron poco después que ellos. Personas que querían dejar de huir, que necesitaban ayuda y quienes se habían quedado para compartir el mismo objetivo de su madre, recuperar un poco de lo que les fue arrebatado.
Mientras avanzaba por los concurridos pasillos muchos de ellos la saludaban a su paso, otros tantos la detenían para informar de la falta de algo indispensable lo cual ocurría con más frecuencia de la que quisiera pensar.
El aroma de lo que se cocinaba le era traído por el suave soplo del viento de esa mañana y sintió a su estómago protestar ante eso.
Dio la vuelta en el último pasillo hacia el comedor distraída con sus pensamientos cuando chocó de frente con un cuerpo grande que la alcanzo a sostener antes de que callera al suelo. El aroma de la tierra mojada y el pasto inundo envolvió su nariz reconociendo a su portador.
—Buenos días, Al — Daniel sonrío divertido. Llevaba una polvorienta caja de herramientas verde en su mano libre que era fácil reconocer a que otra persona le pertenecía.
—¿Has visto a mi madre? —Allison preguntó, asintiendo en agradecimiento por evitar que se cayera.
Daniel era un hombre alegre, muy encantador para su desgracia, tenía siempre una sonrisa en su rostro y una cálida mirada amable en sus ojos que solía ser incómoda para Allison en algunas ocasiones.
Nadie podía estar tan feliz todo el tiempo, ¿Cierto?
Le había tomado un tiempo acostumbrarse a él después de que su madre lo presentara como su novio. No es como si esperara que después de cinco años siguiera guardando luto por su padre, pero para ella tenerlo en su vida había sido demasiado pronto y también lo había agradecido cuando el virus se extendió por todo el mundo.
—En el comedor, la convencí de que dejara el trabajo un minuto para desayunar y yo me haría cargo. Si te apresuras puede que aun alcances algo de huevo comestible —río divertido, porque ambos sabían que la pasta de huevos hidratados que se servían desde hace un mes era todo menos comestible.
La expresión de desagrado en el rostro de Allison solo sirvió para que Daniel le diera un cariñoso apretón en el hombro al pasar, deteniéndose un momento para susurrarle al oído.
—Te guarde varias piezas de tocino falso antes de que tu hermano lo devorara todo —el guiño que hizo con su ojo derecho logro arrebatarle una gran sonrisa de los labios.
ESTÁS LEYENDO
AMELIA
FantascienzaEl mundo ha sido azotado por un virus letal que acabo con un gran porcentaje de la población mundial. Amelia ha pasado por mucho para llegar hasta donde esta, no ha sido fácil y esta cansada, pero su día trae nuevas sorpresas cuando una camioneta ru...
