Viserys acompaña a su hija hasta su habitación y al llegar, ella se desmorona.
—Saera, Saera... —dice Viserys sentando a su hija en la cama y cerrando en la puerta. —¿Te encuentras bien?
En ese momento Daemon entra a la estancia.
—Saera... ¿te encuentras bien? —pregunta Daemon.
—Alicent llevaba uno de sus vestidos... Le ha dicho que la quería... Y ella ni si quiera ha venido a... a recibirme... Llevo días fuera... Es igual...
—Tranquila, quizá no te sirva de consuelo pero te devolveré el reino.
Daemon abandona el lugar y se marcha a comenzar a trazar planes y rutas.
—Cariño... Entre Alicent y Rhaenys no ha pasado nada, he estado aquí todo el tiempo y lo más cercano que han hecho es pasear por la playa...
—No me preocupa el sexo, papá, son los sentimientos los que... me tienen así... No quiero perderla pero... Las he visto y... Se han vuelto tan cercanas...
—No creo que Alicent sienta nada por Rhaenys, creo más bien que trata de herirte...
—Sabía que era una zorra y que nos estaba traicionando... Se enteró de que iría a roca Casterly y envió a Aemond a asesinarme...
—Pagará por ello. Te lo juro.
—No. De su sentencia me ocuparé yo. Tenerla como rehén es benefactorio.
—Te creí, Alicent —dice Rhaenys visitándola en su celda.
—Yo no te mentí —dice Alicent tomando las manos de la princesa a través de las rejas. —Lo que dije es cierto, Rhaenys. Mis sentimientos por ti son reales, jamás te traicionaría...
—Mientes... Enfrenté a la reina por ti, respondí por ti, fuí amenazada con la decapitación y aún así decidí protegerte...
—Eres madre... Sabes...
—No vuelvas con eso... Has traicionado a la corona y la corona también se volverá en mi contra por protegerte... ¿Cuándo te has vuelto tu padre?
En su habitación, Saera abraza a su padre.
—Estaré bien —afirma.
—Lo sé hija... Habla con ella...
—¿Para decirle que yo tenía razón?
—Intenta no ser tan dura...
—Joder... No soy dura, soy realista... ¿Cómo han ido mis días de ausencia?
—Rhaenys recibió y envió cuervos a las casas que reafirmaban su lealtad, consiguió la lealtad de su marido y evitó que nos matáramos entre nosotros... Diferimos en opiniones y... supo que hacer... Sería una buena consorte...
—Sí... Claro... Eso pensaba yo...
—¿Ya no la quieres?
—No... No es eso... Claro que la quiero. Más que a nada, pero no sé si me quiere ella a mí... No sé qué quiere o a quién.
—Habla con ella, controla tu temperamento...
—Lo intentaré...
—Bien...
—Ve a ver cómo están tus nietos... No he visto a mis sobrinos ni a Baela o Rhaena... Iré de inmediato, antes necesito un baño.
Cuando Viserys abandona los aposentos de Saera, Rhaenys entra.
—Saera.
—Rhaenys... ¿Ha pasado algo? Gracias por hacerte cargo estos días...
—No tienes que agradecerme. Todo ha estado bajo control.
—Bien.
—Saera...
—¿Qué?
—No me gusta sentir que... Que no sé qué decir o cómo actuar contigo. ¿Qué ocurre?
—¿Qué ocurre? Rhaenys llevo días fuera... Días volando de aquí para allá para intentar que no nos traicionen. Intentaron secuestrarme y matarme... Y tú ni si quiera has sido capaz de venir a recibirme... ¡Y cuando llego te veo de la mano de Alicent y a ella vestida con tu ropa! ¿Cómo se supone que quieres que me tome eso?
—Saera no me avisaron de tu llegada.
—¿Y no viste a Vhagar? ¿No viste al puto dragón más grande actualmente volar como una sombra sobre la isla?
—No, Saera no lo vi. Estaba en los aposentos con Alicent cuando...
—¡Dioses matadme! —dice Saera levantándose. —¿Qué infiernos hacías en los aposentos de Alicent?
—Le llevaba unos vestidos, Saera ha estado encerrada aquí sin ropa que ponerse... Tengo vestidos de sobra, no pensé que fuera tan importante.
—No es por los vestidos Rhaenys, es por todo. ¿Te dijo que te quería?
—Sí...
—¿Pensabas contármelo?
—Sí, pensaba hacerlo, pero no ahora.
—Claro...
—Le dije que esos sentimientos no eran mutuos, que en mi corazón estaba otra persona.
—Se ha estado riendo de ti en tu propia cara y no has sido capaz de verlo.
—Eso no...
—¡Envió a Aemond a matarme! ¡Él mismo me lo confesó antes de intentarlo! ¡Joder Rhaenys!
Saera se sienta en el sofá de su habitación y se deja caer hacia detrás.
—Saera...
—Si no me quieres... Si la quieres o si... si no quieres esto... dímelo. Porque estoy volviéndome loca Rhaenys... Estoy volviéndome completamente demente...
—Saera... ¿crees que no te quiero? Alicent no ha cambiado nada entre nosotras...
—Rhaenys ¿a caso te has acordado siquiera estos días de mí?
—Saera —dice Rhaenys tomando sus manos. —Te he pensado en cada momento y he rezado porque volvieras sana y salva.
Saera le quita la mirada y suelta sus manos alejándose de ella.
—Tienes que creerme. No estaría aquí diciéndotelo si no fuera cierto.
—Rhaenys...
—¡Saera! —exclama Baela entrando sin llamar. —Me han avisado de que has llegado —dice abrazando a la que durante todos esos años desde la muerte de Laena ha sido como una madre para ella. —Estaba muy preocupada. Todos lo estábamos.
—Estoy bien —dice abrazándola con fuerza.
—Eres y serás una gran reina. Mi padre me ha pedido que cuando parta, si lo hace, lo acompañe junto a mi dragón para luchar contra los verdes.
—¡No! —exclaman Rhaenys y Saera a la vez, sorprendiéndose la una a la otra.
—¿Qué? No me esconderé aquí, soy una jineta de dragón.
—Te necesitaré aquí, como miembro de mi corte —dice Saera. —También a tu hermana.
—¿Es eso o quieres mantenernos a salvo? —ríe Baela.
—Lo digo en serio —ríe la reina esta vez. —Diluiré el consejo de mi padre. En mi consejo habrá mujeres, poderosas, inteligentes y competentes. La mayoría de los cuervos que acechan en el gran concejo serán destituidos y reemplazados. Empezará una nueva era. Y os necesito a ti y a tu hermana como representación del pueblo más joven.
—Hablaré con Rhaena —dice Baela sonriente intentando guardar la compostura y ocultar su emoción.
—Ve, os alcanzaré enseguida —dice Saera haciendo que Baela abandone la habitación dejándola de nuevo a solas con Rhaenys.
