Como Rhaenys ha prometido. Vuelve al atardecer. Saera se encuentra mucho mejor y se halla en la sala del trono completamente sola, frente al trono de su padre, sabiendo que algún día será suyo. Justo Antea de que su mano llegue a rozar el trono, la princesa Rhaenys entra al lugar.
—Saera —dice haciendo que la heredera se gire.
—Rhaenys —dice Saera bajando las escaleras y andando hasta Rhaenys.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, sí. Me encuentro bien.
—¿Podemos hablar de la mano de...
—¿Es necesario?
—No exactamente. Tu padre me ha preguntado.
—¿Le has dicho que ha sido un castigo más que merecido por sobrepasarse con la princesa?
—Algo así.
—Explícate —pide temperamentalmente.
—Ey... —dice Rhaenys. —Tranquila —pide a Saera. Esta última se da cuenta de cómo ha reaccionado y se calma de inmediato. —¿Estás segura de que te sientes bien?
—Sí... Sí, eso creo. ¿Qué le has dicho al rey?
—Nada grave, le he dicho que ha habido razones de sobra para cortar su mano y expulsarlo.
—Bien. Porque las había.
—Lo sé... Estás muy rara desde antes...
—Estoy bien.
—Puedes contarme lo que sea... Cualquier cosa que te preocupe...
—No me pasa nada. Es la presión de estos días, es todo. Supongo que es normal, acabo de casarme... ¿Has visto a Laenor?
—No, de hecho no.
—Da igual, seguro que está con Joffrey.
—¿Le necesitas?
—El rey quiere hacer una espléndida cena para todos... Para celebrar... dice que hay mucho por qué hacerlo...
—No quieres ir ¿me equivoco?
—En absoluto, como de costumbre.
—No vayas. Necesitas descansar. Mi primo lo entenderá.
—¿Podrías quedarte conmigo?
—Claro. Me encantaría.
Ambas se miran a los ojos. Sus cuerpos están muy cerca. Saera desearía que Rhaenys no estuviera en su ropa de montar para poder colar sus manos por alguna parte, pero las prendas de cuero y las placas de metal se lo impiden.
Cuando sus labios están a punto de unirse, las puertas vuelven a abrirse con fuerza. En ese momento ambas se separan de inmediato y Daemon queda frente a ellas con una sonrisa pícara.
—A si que por eso dejaste de venir a mis aposentos, princesa —dice retirando un mechón de pelo de Saera de su cuello. Rhaenys la mira con confusión.
—No sé de qué me hablas, Daemon —dice Saera aparentando normalidad.
—Oh vamos... No sois discretas...
—Podría pedir que te corten la lengua por tales afirmaciones. Estoy casada.
—No voy a ponerme en tu contra, querida sobrina, quería hablar contigo —dice Daemon. —¿Podrías dejarnos solos Rhaenys? —pide Daemon y Saera asiente. Rhaenys abandona la sala con desgana.
—¿Qué quieres? —dice Saera.
—Cálmate, vengo en son de paz, lo prometo.
—Puedo notarlo... —dice irónica.
—No hablaré al rey de tus aventuras con su prima.
—Claro que no, porque no hay tal cosa.
—Lo que digas. Quiero hablar contigo.
—Tú dirás.
—Tu padre sospecha de tus aventuras con su prima.
—¿Qué?
—Solo quería avisarte.
—¿Qué te ha dicho?
—Me ha preguntado si sabía algo. Dice que no le pareció normal vuestra cercanía...
—¿Qué le has dicho?
—Que han sido imaginaciones suyas. Que simplemente os habéis acercado porque te has casado con su hijo.
—Bien. Daemon... gracias.
—No hay de qué, princesa
Saera dedica una sonrisa a Daemon y abandona la estancia dirigiéndose directamente a los aposentos de Rhaenys.
—¿Si? —pregunta Rhaenys tras escuchar varios toques en su puerta.
—Soy yo —dice Saera.
—Adelante —dice Rhaenys. Saera entra y cierra tras ella para acercarse a Rhaenys. Quien está tomando un poco de vino. —¿Va todo bien?
—Sí. Todo va genial...
—¿Por qué será que no te creo?
—Porque estoy agotada y solo quiero pasar contigo toda la noche.
—¿Es esa tu preocupación, heredera. Pasar conmigo la noche? —pregunta Rhaenys acercándose a Saera de manera coqueta.
—Eso depende de ti, ¿quieres que pase contigo la noche?
Rhaenys se inclina más cerca entonces, y Saera siente el calor de ella, y siente que algo salta en su garganta, siente su corazón golpeando. La princesa respira caliente en su cara, los ojos se deslizan hacia sus labios, y trata de alejarse, pero Saera la atrapa, con una mano en su mejilla.
Saera es cuidadosa, lenta, mientras la tira, con los ojos abiertos mientras Rhaenys se acerca, los ojos se lanzan hacia los labios, el pulso rasguea en su cuello. Saera mira, cataloga, ve, esta vez, que quiere esto tanto como lo hace. Ella quiere que Rhaenys tiemble como ella, quiere que esté despeinada bajo su cuerpo, que quiera despertar con ella cada día. Ella se acerca lo suficiente con los ojos cerrados, lista para un beso que pospone un poco más, dejando que el aliento cálido de Rhaenys se burle de ella con prisa por su boca abierta.
Rhaenys la besa lentamente, con cuidado. Saboreando cada momento. La única razón por la que la princesa ha vuelto a desembarco ha sido para compartir ese tiempo con la heredera.
Saera tira de Rhaenys, se sienta en la cama y la coloca en su regazo. Sin separar los labios de ella, las manos de la heredera descansan sobre los muslos de la princesa. Saera desliza una de sus manos hacia arriba, sorprendida por el calor, como si el metal fuera parte de la princesa.
—Quítatela —murmura torpemente y odia la manera consciente en que Rhaenys sonríe, como una leve burla. Rhaenys comienza a desgastar nudos y deslizar hebillas. Un trabajo incómodo cuando lo hace bajo presión.
Nada más deshacerse del metal y llegar a una camiseta de una tela ligera, Saera tira de ella al instante volviendo a unir sus labios mientras un jadeo se escapa de su boca.
—Ayúdame a salir de esto —dice Saera refiriéndose al vestido. Rhaenys lo deshará rápidamente y la saca de él con habilidad. Saera quita la camiseta de Rhaenys y la gira, quedando sobre ella y mapeando toda la zona de los pechos de la princesa con su boca.
Una de las manos de Saera va hasta el cierre del pantalón de Rhaenys y lo deshace, tirando de él hacia abajo. Su mano busca rápidamente donde Rhaenys está más húmeda y mientras el pulgar divaga en el clítoris de Rhaenys, un dedo se desliza fácilmente dentro de ella sin previo aviso, solo para a los pocos Segundos insertar un segundo, haciendo a la princesa retorcerse de placer.
Rhaenys gime mientras se mueve, sus piernas están tan abiertas como pueden estar cuando están restringidas por los pantalones que Saera ha empujado alrededor de sus muslos.
Saera observa su rubor subir por el pecho de la princesa, la forma en que su cuerpo se mueve con el movimiento de su mano, usando sus caderas y muslos para la fuerza, escuchando la forma en que Rhaenys no puede recuperar el aliento, gimiendo en cada exhalación. Es tan diferente, llegar a verla, la forma en que sus talones se metan en la cama y la parte superior de su cuerpo se inclina, y cuando llega lo siente, las paredes revoloteando alrededor de sus dedos, apretándose incluso mientras intenta follarla a través de ellas.
Todavía está en el éxtasis, pero Rhaenys tira de ella, llevándola hacia arriba para poder tomar su cadera, guiándola hacia abajo hasta el muslo, y Saera se da cuenta de que también ha estado haciendo ruido, está sin aliento como si fuera la que acababa de ser follada. Se siente completamente fuera de esto mientras Rhaenys la guía, moliéndola contra su muslo, y se inclina hacia adelante para besarla de nuevo, gimiendo en su boca. Se siente poseída mientras presiona su muslo contra ella a su vez, respirando la inhalación conmocionada de Rhaenys.
Saera mueve sus caderas ayudada por las manos de Rhaenys. Sus gemidos se intensifican y cuando llega al éxtasis se derrumba contra la princesa, enterrando la cara en su cuello y con sus piernas todavía enredadas. Los pantalones de Rhaenys, aún están enredados al rededor de sus rodillas. Pero en ese momento la princesa no puede moverse. Su respiración es fuerte y Saera está entre sus brazos. Rhaenys le da un beso en la cabeza sin pensarlo y ninguna se mueve durante un largo rato.
