Rhaenys y Saera se mudan a Rocadragón, es allí donde pasan años cuidando de Rhaena y Baela siendo visitadas por Viserys cada vez que esté puede además de por Rhaenyra, Daemon y sus niños.
Tras varios años, ambas reciben noticias. Lord Corlys ha sido herido y se desconoce si llegará con vida, y es Vaemond quien pretende usurpar el trono de Marcaderiva que Corlys dejó establecido a Baela.
Rhaenys, Saera, y las dos niñas, Que ya son adolescentes. Parten a la fortaleza roja. En esta, solo son recibidas por Lord Caswell.
—Veo que no somos bien recibidas —dice la heredera.
—Vuestro padre está de caza y lady Alicent no ha querido venir a saludar.
—Esa perra teme que la deje calva...
—Saera —dice Rhaenys dando a entender que están sus nietas delante.
—Haced lo que digo, no lo que hago —dice Saera a las adolescentes haciendo que rían. Incluso Lord Caswell ríe. —¿Ha llegado mi hermana?
—Está arriba. Está en cinta...
—¿Otra vez? —pregunta Saera.
—Sí, alteza... Y le queda poco para alumbrar...
—Por los dioses... Hace demasiados meses que no la veo... Gracias por avisarme.
Saera sube rápidamente encontrándose con Rhaenyra y con Daemon.
—Nyra... —dice entrando. Corre hasta su hermana y se encuentran en un caluroso abrazo.
—Saera... —dice Rhaenyra abrazando a su hermana con fuerza. —Te extrañaba tanto.
—Y yo, Nyra. Daemon... —dice esta vez dirigiéndose a él para abrazarlo. —Veo que esperáis otro hijo.
—Así es —dice Rhaenyra con una sonrisa.
—¿Dónde están mis sobrinos morenos? —dice Saera.
—Deben estar por el castillo. Explorando... Hemos pasado estos años en Pentos...
—A veces pienso que abandonamos a papá...
—Nos visitó a menudo.
—También a mí pero... Aquí con esos buitres... Me habría gustado quedarme pero... No podía esconderme más...
—¿Ha venido? —pregunta Daemon.
—Por supuesto, debe estar al llegar, quedó hablando con Lord Caswell junto a sus nietas.
—También nos recibió a nosotros —dice Rhaenyra.
En ese momento la princesa Rhaenys entra junto a Rhaena y Baela.
—Aquí las tenéis —dice Saera.
Todos se saludan y las chicas anuncian que irán en busca de los hijos de Rhaenyra para saludarlos.
—Bueno. Ahora que estamos solos... ¿Qué haremos con Vaemond? —dice Daemon. —Ya me han anunciado que pretende quitar el derecho de Marcaderiva a mi hija.
—¿Tu hija? —ríe Rhaenys. —Por favor, Daemon... Lo único tuyo es la sangre de sus venas. Pero para esa niña no has sido un padre.
—¿Cómo decís? —dice Daemon de manera amenazante.
—No —dice Saera. —Ni se is ocurra, a ninguno —advierte. —No es momento para guerrillas entre nosotros tenemos que estar unidos. Mañana, en ese puto trono, los verdes, con la ayuda de Vaemond, intentarán asentarnos el primer golpe. No podemos tener grietas ¿entendido? —sentencia.
—Mamá tenía razón —dice Rhaenyra a Saera. —Has nacido para gobernar...
Saera sonríe a Rhaenyra y vuelve a los demás.
—Si mostramos una sola debilidad... Estaremos hundidos... Mi padre lleva años aquí solo con esos... Carroñeros... Saben cómo actuar...
—Confío en papá —dice Rhaenyra.
—Yo también, pero no en ellos. Vamos a instalarnos. Nos veremos luego.
—Claro. Estaréis cansadas.
Saera y Rhaenys abandonan el lugar y se dirigen a la habitación de Saera.
—Por favor no discutas con Daemon —pide Saera.
—Es un...
—Lo sé. Sea lo que sea lo que vayas a decir... Sé que tendrás razón. Pero no necesitamos eso ahora...
—¡Saera! —exclama su padre abriendo la habitación de par en par.
—Papá —dice Saera abrazándolo con fuerza. —Creí que estabas en la caza.
—Lo estaba, pero me avisaron de que mis niñas estaban en casa.
—Te hemos echado de menos. Rhaenyra y yo...
—También yo a vosotras...
—¿La has visto ya?
—No, aún no. Rhaenys. Es un placer volver a verte.
—Lo mismo digo, primo —dice estrechándole la mano.
—Espero que estés tratando bien a mi hija —bromea Viserys.
—Papá...
—¿Qué? Me preocupo...
—Basta... Rhaenyra ansía verte también. ¿Cenaremos juntos?
—Claro —dice dando un beso en la cabeza a su hija.
Viserys se despide de ambas y las deja solas. Saera cierra la puerta y se dirige a Rhaenys.
—¿Recuerdas esto? —pregunta Saera abriendo la puerta del pasadizo.
—No podría olvidarlo...
—A veces lo hecho de menos... Escabullirme hasta tu habitación... O traerte a la mía... Antes de conocerte lo usaba para escapar a las calles disfrazada...
—¿Te trae nostalgia o me equivoco?
—Mucha... Ya no soy una niña... Antes de que me de cuenta me sentaré en el trono y... regiré el reino... Me da vértigo... todo ha pasado tan rápido...
—Confío en que lo harás de maravilla. Serás lo que el reino necesita. Estarás a la altura...
—¿Te tendré a mi lado?
—Si así lo quieres... Que no te quepa duda.
—Quiero que no te alejes de mí jamás... Quiero tenerte siempre conmigo...
—Y mientras esté en mi mano, lo haré...
—Serás mi reina... Jamás tendrás que arrodillarte ante nadie. Ni si quiera ante mí...
Rhaenys besa a Saera y la pega a su cuerpo. La heredera lleva las manos a la espalda de Rhaenys y tira de los cordones de su vestido para deshacerse rápidamente de él.
Rhaenys hace lo mismo con Saera y ambas caen en la cama desnuda. La heredera hace que Rhaenys quedé bajo su cuerpo y comienza a besar su cuello, bajando hasta su abdomen y después a su pelvis mientras Rhaenys deja escapar algunos gemidos ligeros que son como música para los oídos de Saera.
Cuando se encuentra con la humedad de Rhaenys, deja un beso en su cúspide y pasa la lengua entre sus pliegues, haciendo que se retuerza de placer.
Rhaenys agarra con fuerza las sábanas cuando nota que la heredera introduce dos dedos en ella y comienza a bombear con un ritmo lento mientras su lengua presiona sin piedad su clítoris.
—Saera... No... No pares... —gime la princesa. Saera desearía hacerla rogar, pero en esos momentos solo puede concentrarse en complacer y dar placer a Rhaenys.
La heredera aumenta la velocidad de sus dedos compenetrándolos con los movimientos de su lengua y sabe que ausente está a punto de correrse cuando su cuerpo comienza a tener espasmos involuntarios.
La princesa llega rápidamente al éxtasis y tras unos segundos Saera sube hasta su cara y la besa profundamente.
