Extra

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A la deriva de aquella esquina donde nos vio besar por primera vez
Me gustaría recordarlo y se me hace más fácil olvidarlo.

Me despierto en la madrugada recordando la noche qué pasó, al son de la canción que nos recuerda cómo es brillar en sincronía escuchando la misma respiración en un mismo vals.

Tengo en mi libreta escrito aquellos sueños que olvidamos en aquel tren a Madrid el cual nos dejó en la parada equivocada de los recuerdos compartidos y ahora enterrados en aquel cajón.

De las despedidas.
De los puntos finales.
Del adiós sin aviso en el último piso.
donde nos dimos nuestro primer mordisco.

De la realidad.
De lo terrenal.
De un ayer que no volverá.

La vida me recuerda que es más bonita cuando recuerdo tu sonrisa.

Las canciones tarareadas.
Las manos entrelazadas.
Mis pies están fríos
y no me importas si tú estás aquí conmigo.
Entre medio de las sábanas que nos envuelven y ahogan nuestros gemidos que gritan libertad.

Me pregunté qué sería de la vida sin ti.
Me quise decir que puedo y la soledad me respondió que solo dentro de tu mirada siempre voy a estar.

Recuérdame en aquel callejón de la vuelta de la esquina en aquella avenida trece donde te bese un par de veces.

Te amo para siempre César.








César:

Podría describir cada parte de ella.
Cómo esconde sus manos cuando se siente nerviosa.
Cómo busca a través de mis ojos alguna señal que le dé una respuesta a sus preguntas que retiene dentro de ella.
Cómo se esconde en su cuerpo delgado, frágil y blanco, como la nieve que trae el frío y a la vez nos recuerda lo vivos que estamos. 

Tengo miedo de no sentirla.
Tengo miedo de que otra persona vea lo que yo vi en ella, como me atrapo en una tela de araña fina delgada a punto de derrumbarse si no eres lo suficientemente delicado.
Tengo miedo de que el tren pase rápido y no pueda alcanzarlo.
Tengo miedo de leer la última página de mi libro favorito y no haya segunda parte.
Tengo miedo de que el té se enfríe y no puedo saborearlo hasta la última gota.
Tengo miedo de que se vaya el invierno y no haya disfrutado de su calor.
Tengo miedo de llegar a casa y sentirme solo.
Tengo miedo de que una parte de mi se vaya con ella y no una parte de mi con ella.
Tengo miedo de ella.

Porque remueve todos mis esquemas que un día construí a base de mi libertad y que hoy me tiene atado a un hilo que cruza más allá de unos dedos finos.
Donde me vino a recordar que el alma recuerda los viejos encuentros de vidas pasadas.
Que su alma y la mía estaban destinadas a reencontrarse en este presente.
Que sin ella nada se siente, todo es vacío.

Te amo para siempre Lurdes.

Tu mirada dentro de míHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora