Yo no estaba convencida de ir a su casa. Su esposa podía estar allí, y la última vez que eso ocurrió... no terminó bien.
El auto se detuvo y Scott salió de inmediato a abrirnos la puerta. Elijah ni siquiera me miró.
—Scott, llévala a su habitación y luego sal a comprar cicatrizantes —ordenó con frialdad.
Scott asintió.—Y una hamburguesa —añadió Elijah, casi en un suspiro.
Quise sonreír, pero me contuve. No iba a darle ese gusto.
Podía comprarme una franquicia entera, y aun así no sonreiría.
Lo vi alejarse, con ese andar firme, como si nunca dudara de nada.
Scott me hizo una seña para que lo siguiera.
—¿La esposa de Elijah no está? —pregunté, en voz baja.
Él negó, y suspiré aliviada.
—¿Por qué me dijiste que era su amiga si en realidad es su esposa? —insistí, arqueando una ceja.
Scott se rascó la nuca; sabía que su respuesta sería incómoda.
—Ella es su esposa solo por papel. Hace años que el señor Nguyen quiere separarse —confesó—, pero ella se niega a firmar. Está tan enamorada que no acepta que él no la ama.
—¿Siempre fue así?
Asintió mientras subíamos las escaleras.
—Su matrimonio fue arreglado. Era lo mejor para los apellidos —explicó.— Un Nguyen y una Relis... escuchas eso y tiemblas. Dos nombres que pesan más que la gente que los lleva.
Elijah, al menos, parecía el más sencillo de los dos. Aunque "sencillo" en su mundo solo significaba "más calculado".
—¿Él siempre trae a prostitutas para fastidiarla? —pregunté.
No era celos, era curiosidad mezclada con asco.
—No —respondió Scott—. Es la primera vez que trae a alguien aquí, aparte de la señora Relis.
Su sinceridad era tan clara que no pude dudarlo.
Un aire de superioridad creció dentro de mí, pero lo reprimí.
Ese hombre era peligroso; ser parte de su mundo era como dormir abrazada a una serpiente.
Elijah podía matar a alguien a sangre fría y luego estrecharle la mano a un político al día siguiente.
Y sin embargo... se había tomado demasiadas molestias conmigo.
Demasiadas.
—Traeré los cicatrizantes enseguida. Deberías descansar, te ves fatal —dijo Scott.
—Gracias por la sutileza —respondí con sarcasmo.
Me dejó frente a la habitación. Entré. Todo estaba como lo recordaba: demasiado limpio, demasiado caro, demasiado blanco. La cama parecía un espejismo.
Pero antes debía bañarme. No podía ensuciar esas sábanas con sangre seca.
El agua caliente cayó sobre mí como una punzada.
Cada movimiento era una tortura.
No me atreví a mirarme al espejo; no podía ver las marcas.
Cuando terminé, me envolví en una toalla y busqué ropa. El armario estaba lleno de seda. De ropa que no era mía.
Me vestí con cuidado y me tumbé.
Mi cuerpo tembló con los espasmos del dolor y, poco a poco, el sueño me atrapó.
—Mi bonita... —escuché la voz de mi abuela.
Corrí hacia ella.
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Brulet (+21)
AléatoireACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
