Al salir del probador después de lo que había pasado allí, me invadió una vergüenza que no pude disimular.
Elijah fue el primero en salir con los vestidos; lo oí ordenar a Scott que pagara todo sin pestañear. Me quedé un instante más, alisando mi cabello con las manos como si pudiera borrar la evidencia de lo que acaba de ocurrir.
Mis mejillas ardían.
La tienda nos tragó y escupió con la misma prisa. Entramos en otra —una zapatería— como si escapar de miradas fuera posible en un centro comercial.
Cada vez que alzaba la vista buscándolo, sus ojos ya estaban en mí; su observación era una presencia que me oprimía y confortaba por igual.
Una chica joven se acercó a él con la impunidad de quien trabaja por propinas.
—¿En qué te podemos ayudar, cariño? —preguntó, inclinando la cabeza con inocencia y sostenido optimismo de quien sabe que una buena atención vale propina.
Elijah la miró de arriba abajo con la paciencia de quien evalúa si algo merece la pena y, en vez de la distancia cortante de antes, su expresión tuvo un matiz casi teatral. Sonrió, ladeó la cabeza y contestó con esa voz medida que le quedaba como un traje.
—Solo estoy mirando —dijo, poniendo en marcha el protocolo de cliente inaccesible—. Pero gracias.
La chica pestañeó y, replicó con coquetería entrenada.
—Ah, vamos, no seas tímido. Puedo mostrarte lo último en zapatos.—dijo, acercándose como quien ofrece una promesa envuelta.
Sentí que algo en mi pecho hizo un ruido extraño: una chispa de celos absurdos, que me sacó una sonrisa involuntaria y medio airada. No era racional, pero ¿desde cuándo la racionalidad manda aquí?
—¿En serio? —dije, poniéndome de pie de un salto con una expresión que pretendía ser indiferente pero que terminaba en demasiado entusiasmo—. ¿Vas a dejar que me robe la atención de tu invitado, eh? ¿No te han enseñado a no tocar el tridente del tiburón?
La chica rió, divertida, tanteando la broma.
—No te preocupes —contestó con picardía—, tengo un radar para chicas en llamas. Pero suelo ser muy profesional —añadió, teatral, mirando a Elijah—. ¿Te gustan estas o prefieres algo que mate menos miradas?
Él se permitió una media sonrisa y contestó también en broma, apuntando directo al juego.
—A mí me gustan las que combinan con la personalidad —dijo—. Y me temo que hoy la personalidad principal ya está aquí.
La joven frunció el ceño fingido y me miró con complicidad. Scott, que estaba a pocos pasos, no pudo evitar soltar una carcajada ahogada. Elijah, por su parte, puso cara de ofendido de teatro y me miró como si me retara.
—¿Y tú quién eres para reclamar titularidad? —le lanzó con tono divertido.
—Soy la protagonista —dije—. Y como tal, reparto créditos. —Me acerqué un paso y alargué la mano como si fuera a cobrar regalías—. Firma de tu representante, por favor.
La chica alzó la mano en un ademán de juramento, como si selláramos un pacto de coqueteo profesional.
—Contrato verbal —dijo—. No hago exclusivas... a menos que haya una suma interesante en zapatos.
A Elijah le brotó la risa. Por primera vez en horas oí cómo sus ojos se aflojaban, como si la seriedad se hubiera tomado un descanso.
—¿Quieres que les traiga un par al probador? —propuso la joven, servicial.
ESTÁS LEYENDO
Brulet (+21)
DiversosACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
