Por supuesto que era su maldito socio.
Por eso el jerarca no se opuso cuando Elijah quiso llevarme.
Maldito idiota.
Subí las escaleras a toda prisa, ignorando las miradas curiosas de los guardias, hasta llegar a la habitación donde estábamos las chicas.
Apenas crucé la puerta, el murmullo se apagó. Todas se quedaron mirándome, con los ojos abiertos como si vieran un fantasma.
Estaban convencidas de que no regresaría.
—¿Aurora? —susurró Ava, bajando el tono de voz—. ¿Estás bien?
Asentí con un gesto seco. No tenía ganas de hablar.
Arrojé la lencería que traía en el bolso sobre mi cama.
Ronnie fue la primera en moverse. Se levantó despacio y me estudió en silencio.
Ella no hablaba mucho, pero su mirada decía más que cualquier palabra: "Algo pasó".
—¿Y bien? —intervino Isabel desde su cama, cruzando las piernas con un aire burlón—. ¿Te divertiste con tu cliente misterioso o te mandó al infierno?
—Cállate. —gruñó Ronnie—. No seas imbécil.
—Solo pregunto —replicó, alzando los hombros—. Ya sabes que aquí nadie vuelve de un viaje con los socios sin pagar un precio.
—No pasó nada —mentí, dejando caer el cuerpo sobre el colchón—. Fue solo un día más.
Ava se acercó con cautela. Ella era la más joven, la más temerosa.
—Nos dijeron que si no regresabas hoy, tus cosas serían repartidas.
—Qué amables —solté con sarcasmo, girando para darle la espalda.
El silencio se estiró unos segundos. Solo se oían los pasos de los guardias afuera y el zumbido de los ventiladores viejos del techo.
Ronnie se sentó al borde de mi cama.
—No tienes que fingir con nosotras —dijo en voz baja—. Si te hizo algo, puedo cubrirte. Decimos que estás enferma, lo que sea.
Me giré un poco para verla. Tenía esa expresión mezcla de rabia y ternura que siempre me descolocaba.
—No necesito que me cubras, Ronnie. No esta vez.
—Entonces sí te hizo algo —dijo, entrecerrando los ojos.
No respondí.
Annie soltó una risita amarga.
—Dejen de hacer drama. Si Aurora está viva, ya es ganancia.
Ronnie se levantó con fuerza.
—¿Sabes qué, Annie? A veces hablas demasiado.
—Y tú te crees su guardaespaldas —replicó Annie—. Ninguna de nosotras es mejor que la otra, Ronnie. Aquí todas estamos igual de jodidas.
Ava se interpuso, nerviosa:
—Ya, por favor... no empecemos otra vez.
—Déjalo, Ava —dije al fin, sentándome despacio—. Que se maten si quieren, total, no hay mucho más que hacer aquí.
Ronnie bufó, pero se calmó.
—Solo recuerda, si pasa algo, hablas conmigo primero —me advirtió antes de volver a su cama.
—Claro, mamá —murmuré con ironía.
Intenté recostarme. Quería cerrar los ojos, olvidar todo.
Pero la puerta volvió a abrirse de golpe.
—Aurora, levántate —ordenó un guardia.
Joder. Ni un segundo de paz.
—¿Qué pasa ahora? —pregunté.
—Tienes que presentarte ante uno de los jefes —respondió sin mirarme.
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Brulet (+21)
DiversosACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
