El sonido del agua cayendo del techo del dormitorio era un metrónomo constante.
Una gota por cada promesa rota.
Observaba el reflejo del neón rojo que se filtraba desde el pasillo: una luz sucia, tibia, casi humana. A veces pensaba que esa luz era la única que aún se atrevía a mirarlas sin asco.
"Dicen que la esperanza es lo último que se pierde", me repetía esa frase mientras apretaba los puños sobre mis rodillas.
Pero eso no era cierto. Aquí, la esperanza era lo primero que te arrancaban.
Primero los sueños, luego la ropa... y al final, lo poco que te quedaba de alma.
Solo quedaba esa sensación hueca de seguir respirando por inercia, como una máquina vieja que ya no sabe apagarse.
—¿En qué piensas, Aurora? —preguntó Ava, tendida en la cama contigua, mientras se limaba las uñas con desgano.
—En nada —mentí.
—Siempre dices eso. Nadie piensa en "nada" aquí dentro.—aseguró con firmeza.
—Quizás es que ya no me queda mucho en qué pensar.
Ava soltó una risita amarga.
—Entonces ya estás lista para sobrevivir.—aseguró con una risa sarcástica.
Ronnie, que se delineaba los ojos frente al espejo, intervino sin apartar la mirada de su reflejo:
—No le hagas caso. Nadie sobrevive aquí, solo aprendemos a fingir que sí.
Sonreí, una sonrisa tan vacía que dolía.
—Supongo que eso también se aprende.—aseguré.
El silencio que siguió fue espeso. Desde el pasillo se oían risas masculinas, el chirrido metálico de una puerta y los pasos pesados de un guardia.
Todas se tensaron instintivamente.
—Vamos, chicas —dijo Emma, con esa voz prepotente que usaba para recordarle a todas que tenía más rango—. El show empieza en veinte minutos. Y no quiero que ninguna me robe atención.
—Tranquila, reina —replicó Ronnie con sarcasmo—, tu ego ya ocupa todo el escenario.
—Cuida tu lengua, muñeca —le devolvió Emma con frialdad—. El jerarca no perdona la insolencia.
No era raro verlas enfrentarse; en el Brulet, el odio era otra forma de defensa.
Isabel, como siempre del lado de Emma, añadió con desdén:
—Hay quienes nacieron para brillar... y otras, para sostener la luz.
Alce mi ceja incrédula por lo que había dicho la sombra de Emma.
—¿Y tú cuál eres, Isabel?.—pregunté con sarcasmo.
La otra frunció el ceño, sin responder.
—Eso pensé —susurré, volviendo con mi maquillaje.
El Brulet tenía esa capacidad de devorar todo lo humano.
Podías entrar siendo una persona... y al cabo de unos meses, solo quedaba el reflejo de una sombra.
Pero, a veces, había momentos diminutos —una risa compartida, un gesto de bondad, una palabra de consuelo— que parecían romper el hechizo, aunque fuera por segundos.
Y en esos segundos, aún recordaba que todavía podía sentir.
Y sentir era peligroso.
—¿Sabes algo? —dijo Ronnie mientras se aplicaba rubor—. Si alguna vez logro salir de aquí, lo primero que haría sería correr bajo la lluvia. Sin miedo.
—Yo solo dormiría —susurré —. Dormiría hasta que mi cuerpo olvidara cómo temblar.
Ava se rió con tristeza.
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Brulet (+21)
RandomACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
