Habían pasado tres días desde aquella conversación con Elijah, y parecía un hombre distinto al que conocí.
Más humano. Más real.
Dormíamos juntos, hablábamos por horas, incluso me dejaba tocarlo, abrazarlo sin huir como si mis manos fueran fuego. Era casi irreal verlo así, tranquilo, riendo de vez en cuando.
Una tarde comimos hamburguesas en ese lugar famoso del que él tanto hablaba. Me contó que tenía sucursales en más de cien países.
"Así que podrías ir a cualquier parte del mundo y seguir comiendo hamburguesas."
Le sonreí, aunque en el fondo sabía que no podría salir de esas paredes hasta destruir el Brulet.
Elijah pasaba la mayor parte del tiempo conmigo. Cuando no estaba, se encontraba en esas reuniones de negocios que siempre lo dejaban agotado.
—Puedes decirle a Scott que te lleve a la playa —me informó antes de salir.
—Prometo que esta será la última reunión y los dos días restantes te llevaré a conocer los mejores lugares —agregó con una sonrisa que casi hizo que lo perdonara por adelantado.
Antes de irse, se inclinó y besó mi frente.
Era algo que hacía últimamente... un gesto suave, casi reverente. Al principio me desconcertaba, pero ahora lo esperaba.
Era su forma silenciosa de decir te amo sin usar palabras.
Le sonreí, y mientras lo veía alejarse, pensé que ese idiota podía ser una maldita ruina para cualquier chica.
Con esos tatuajes que exigían respeto, su rostro perfecto, y esa voz que podría derretir glaciares enteros.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por unos toques en la puerta. Era Scott.
—¿Lista para nuestro gran paseo a la playa? —preguntó con más entusiasmo del necesario.
—Acabo de despertar, dame cinco minutos —respondí riendo.
Lo dejé pasar y corrí al armario. Quería algo cómodo y ligero, y terminé eligiendo un vestido amarillo con la espalda descubierta.
Cuando salí, Scott estaba distraído viendo algo en su celular, así que aproveché para asustarlo.
—¡Buh!
—¡Joder! Casi haces que saque todo lo gay que hay dentro de mí —exclamó con dramatismo, llevándose la mano al pecho.
Estallé en carcajadas.
—Scott, tú eres todo lo gay que hay dentro de ti.
—Touché —dijo, levantando un dedo como si me diera la razón con clase.
Salimos hacia el coche, y durante el trayecto, me observó de reojo.
—¿Trajiste bañador? —preguntó.
Negué.
—Déjame entender esto: vas a la playa... sin bañador.
Asentí, muy segura de mi error.
—No me gustan.
—Mientes peor que un político.
Suspiré.
—No estoy cómoda con ellos. Mis cicatrices son grandes... todos las miran, y me siento un bicho raro.
Scott guardó silencio un momento.
Luego me miró con esa seriedad que pocas veces mostraba.
—Aurora, todos tenemos cicatrices. Algunos las llevan en el alma, otros en la piel. Pero las tuyas... —hizo una pausa— las tuyas son el mapa de todo lo que sobreviviste. Son pruebas de que estuviste en guerra y aún sigues de pie.
ESTÁS LEYENDO
Brulet (+21)
RandomACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
