Capítulo 16

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Tenía que esconderme, vendría por mí, estaría cerca, podía escuchar sus pasos a lo lejos.

Iba a encontrarme, no había escapatoria, así que corrí por mi vida, no había opción.

Al salir de mi escondí corrí lo más rápido que pude, una risa tonta salió de mis labios y comencé a carcajearme.

Mi abu venía a toda velocidad tras de mí.

—Te encontré.—gritó, y me alzó en sus brazos.

—No es justo, siempre lo haces.

—Y siempre lo haré, no importa cuan bien puedas esconderte el amor de una abuela es más grande que hasta el lugar más incógnito se la tierra.

Mi abuela tenía poderes, aunque no quisiera decirme la verdad.

Tal vez, yo también los tenía.

A mi me hubiera encantado sacar rayo láser de mis ojos.

Busqué rápidamente mi muñeca, tenía que darle su comida ya era casi hora de su siesta.

—Aurora.—escuché mi nombre salir con un tono muy sutil.—Ven acá, mi pequeña.

—¡Abu!.—grité y salté con alegría.

La vi sonreír y corrí hacia sus brazos, me encantaba cuando me llamaba así, sabía que después de eso vendría un postre.

—Mi pequeña.—dijo mientras me sostenía en sus brazos.—¿Pensaste mi oferta?.

Realmente no lo había hecho, no quería dejar a mi madre sola.

Negué.

—Tal vez, si te lo planteo con tu madre.—dijo pensativa y no muy convencida.—¿Aceptarías si tu madre viene con nosotros?.

Mis ojos se iluminaron al escucharla, rápidamente me bajé de sus brazos y comencé a saltar de un lado a otro.

Mi madre podría venir, ella estaría feliz, seríamos una familia. Yo siempre quise una familia.

—Le diré a mi madre al volver.—dije felizmente.—Gracias, abu.—agregué.— Ahora soy una niña muy feliz.

Su sonrisa se ancho por lo último que había dicho.

—Mi pequeña, recuerda que yo siempre buscaré la manera de hacerte feliz.—mencionó.—Yo siempre estaré, no importa donde, yo siempre estaré contigo.

Su voz se escuchaba un tanto raro, corrí de nuevo había sus brazos y me envolvió en un abrazo eterno.

—¿Abu?.—pregunté y la mujer que hace unos segundos estaba dándome las espaldas se giró para verme.

—Mi pequeña...—dijo en un hilo de voz.

Mi pies no cedían, sentía que esto era un sueño, ella no podía estar aquí, esto no era real.

—Ven, ven acá, mi pequeña.—dijo y estiro sus brazos.

Comencé a negar, mi corazón latía a toda velocidad.

—¡No, no!.—comencé a gritar, estaba entrando en pánico.

Sentí las manos del jerarca en mi cuerpo y me moví inmediatamente para que no volviera a tocarme.

Brulet (+21)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora