Estando en el Brulet entendí que la gente puede estar más rota de lo que aparenta,
y que incluso los inocentes pueden ser castigados como si hubiesen cometido el peor de los pecados.
—¡Cuéntalos! —gritó Caín.
El golpe me lanzó contra el muro.
El sonido del metal y el aire escapando de mis pulmones fue lo único que llenó la habitación.
No había testigos. No había escape.
Solo su respiración acelerada y la mía.
Estaba atada, y aún con las súplicas, él no se detuvo.
No quería que hablara. Quería que obedeciera.
Quería, como siempre decía, "domarme".
El primer impacto fue seco. Dolor, calor, confusión.
Un número.
El segundo llegó antes de que pudiera respirar.
Otro número.
Mi voz temblaba entre cada uno, hasta que perdí la cuenta.
Los gritos rebotaban en las paredes como un eco distante, ajeno.
—Por favor.—le rogué, mientras forcejeaba con las pocas fuerzas que quedaban dentro de mí.—Caín, por favor.
Lanzó una barra de metal y vino hacia mí en zancadas para atestarme un buen cachetón, se pudo escuchar el sonido de su mano impactando con mi rostro.
Joder.
Quería liberarme, pero era una pérdida de tiempo mi cuerpo estaba muy débil.
Una risa que erizo toda mi piel trepó por su garganta.
Él lo había logrado, y su satisfacción por ello era notoria.
Esto le gustaba a Caín, provocar dolor, que las personas le temieran eso le excitaba.
Sin poder voltearme sentí cómo me asestaba una larga golpiza, de nuevo.
La bestia en su interior estaba rugiendo eufórica.
Él quería más, los azotes, y los puñetazos que estaba propinándole ahora y que había hecho antes no eran suficientes, él deseaba más.
Porqué así funciona esto, los sádicos sienten el dolor de otras personas. Y lo disfrutan, les encanta saber que la otra persona está sufriendo, les encanta ver la agonía en los ojos.
Así era Caín, le excitaba ver a las personas sufrir, era su pasatiempo favorito y uno de sus peores pecados.
Escuché cómo bajaba la cremallera de su pantalón, esto pasaría y estaba preparada aunque mi cuerpo estaba destruido.
Abrió mis labios vaginales y metió su polla de un solo movimiento.
Grité por el dolor, sabía que eso lo iba hacer acabar rápido.
Resopló con pesadez y comenzó a embestirme. Sentí las manos de él que habían agarrado mi culo, que aun seguía sangrando, los apretó con fuerza y no pude evitar gemir de dolor.
¿Cuando esto acabaría?
Caín había logrado su cometido, me había domado.
Obedecer, te llevará al éxito.
Obedecer, me llevaría al éxito.
Varias lágrimas salieron disparadas de mis ojos, y mis quejidos intentaba retenerlos, aunque era imposible dado a que me estaban embistiendo y lo único que podía hacer era llorar por ello.
Caín arremetió otras dos veces contra mí y esa última venía cargado de todo su placer, derramó todo ese sadismo en mi interior.
El problema de un sádico viene después de haber lastimado a su víctima, ese sentimiento de asco, y remordimiento.
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Brulet (+21)
RandomACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
