Hay recuerdos que no envejecen, solo esperan el momento exacto para volver a doler.
El mío comienza con la voz de mi madre gritándome desde la cocina:
—Aurora, es hora de bañarte.
Yo solo tenía cuatro años. Creía que ese día iríamos de vacaciones, pero no sabía que, en realidad, me estaba llevando al lugar donde moriría por dentro: el Brulet.
Flashback
—Aurora, es hora de bañarte —escuché cómo mi madre me gritaba desde la cocina.
Sabía que estaba estresada. No le quedaban de esos polvos mágicos que inhalaba por la nariz.
Siempre que se quedaba sin ellos, se le veía nerviosa y algo molesta.
Aunque me daba más miedo cuando los inhalaba; parecía muy feliz con ello, aunque a veces se desmayaba.
Una vez recuerdo que le salió espuma por la boca y tuve que llamar a unos vecinos. Ellos me dijeron que había comido algo que le había caído mal.
Me bañé y me arreglé con mi vestido favorito: tenía a todas las princesas estampadas en él.
—Mami, ¿te gusta mi vestido? —pregunté mientras sostenía a mi osito de peluche.
Vi cómo caminaba por todos lados; nunca la había visto así.
La seguí al verla entrar en mi habitación y sacar un bolso del armario.
—¿Nos vamos de vacaciones, mami?
—Sí —dijo con firmeza.
Comencé a dar saltitos de felicidad; teníamos tiempo sin irnos de vacaciones.
Nuestras últimas vacaciones fueron en casa de la abuela. Ella vive a unos minutos de nosotros, pero mi madre decía que no importaba el lugar, sino el esfuerzo que se hacía para ir.
Aunque yo hubiera preferido Disney.
Tal vez ahora iríamos más lejos.
—Mami, mis juguetes —dije mientras buscaba algunos en mi armario.
Ella resopló molesta; tal vez pensaba que yo me había comido sus polvos mágicos.
Pero realmente la vi acabárselos todos.
—¿Mami, conoceré a Mickey? —le pregunté mientras cepillaba el cabello de mi peluche.
Cerró el bolso y me agarró de la mano fuertemente.
—Duele, mami —le dije.
Me ignoró y buscó en su bolso las llaves del auto.
Ya nos iríamos. Pensé que me dejaría despedirme de mis juguetes. Ojalá mis peluches no se molestaran porque no lo hice.
Salimos de casa y nos montamos en el auto. Ella me ayudó a subir porque aún no alcanzaba.
Encendió el motor y colocó una emisora; al parecer no tenía ganas de hablar. Antes jugábamos mucho cuando íbamos en el carro.
Pero después de un tiempo todo cambió. Supongo que piensa que ya soy muy grande para eso. Una vez mi prima me comentó que cuando creces tus padres ya no quieren jugar contigo, porque no quieren invadir tu espacio o algo así explicó.
Cómo quisiera explicarle a mi madre que no me importa que invada mi espacio; yo quiero jugar con ella al "veo, veo".
El camino fue muy largo. De hecho, me quedé dormida y, al despertar, estaba en brazos de mi madre.
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Brulet (+21)
SonstigesACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
