Amanecer en los brazos de Elijah era de mis cosas favoritas en el mundo.
Muchos piensas que al cometer algún acto atroz que va contra la sociedad, nos sentiremos culpables, sentiremos un remordimiento inhumano.
Pero está mañana puedo confirmar que esto no funciona así, me levanté sin un dolor constante en el pecho, me levanté con una sonrisa porque estoy en paz ese maldito nunca le hará daño a nadie más, ese hijo de puta nunca tocará y golpeara a una chica sin su consentimiento.
—Buenos días, mi pequeña.—dijo Elijah, entre dormido y despierto.
Su voz era tan sexy en estos momentos.
—No quiero despertar.—mascullé.
—No tienes porque hacerlo.—dijo.—Yo iré a revisar unas cosas en la empresa, y volveré cuanto antes.
—Quédate conmigo.—musité formando un puchero.
Lo ví sonreír y envolverme de nuevo en sus brazos.
—Prometo volver, y pasar el resto del día a tu lado.
—Eso suena a una eternidad.
—Tenemos toda una eternidad juntos, pequeña.
—¿Vas a pedirme matrimonio o simplemente tengo que correr tras de ti para hacerlo.—pregunté.
—Querías casarte conmigo cuando tenía al rededor de unos diez años, Aurora estabas demente.—dijo mientras nos carcajeábamos.
—Ahora tenemos suficiente edad para casarnos.—dije emocionada.—¿O no quieres?.
—Aurora, quiero una vida entera a tu lado.—dijo mientras besaba mi frente.—Voy a casarme contigo, pero primero necesito ir a trabajar.
Aunque no quería que eso sucediera, asentí y lo vi levantarse rápidamente, supongo que tomaría una ducha antes de irse.
No quería despertar aún, así busqué de nuevo toda la manta y me envolví en ella hasta quedarme dormida de nuevo.
No sé cuánto tiempo me dormí, solo sé que no lo suficiente cómo para que Elijah saliera de la ducha.
Alguien sin premeditarlo mucho abrió la puerta con fuerza, y sus palabras quedaron a medio terminar.
—Elijah, necesitamos...
Joder, lo que faltaba.
Era Sarah, Sarah Relish.
—¡¿Que haces en la habitación de mi esposo?!.—gritó.
Lo menos que deseaba ahora era tener que aguantármela.
—¡Te hice una pregunta puta de mierda!.—volvió a gritar, esta vez más furiosa al ver que no respondí a su pregunta.
Antes de poder responderle, Elijah salió rápidamente parecía furioso.
—No le vuelvas hablar así, o se me olvidará que eres mujer y en algún momento tuvimos recuerdos en común.—escupió Elijah molesto.—Y ya no sé cuantas veces tengo que decirte, que no puedes llamarme así. Maldita sea.
Sarah parecía ofendida y asustada por ello, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Maldición, lo menos que quería ahora eran dramas matrimoniales.
Aunque esperaba con ansias que está conversación terminará con el acta de divorcio firmada por Sarah.
—Necesito hablar, unos segundo contigo Nguyen.—pidió Sarah y al verme agregó.—A solas, no quiero que está mujer se acerqué a mí, ni mucho menos escuché lo que tengo para decirte.
ESTÁS LEYENDO
Brulet (+21)
AlteleACTUALMENTE EN CORRECCIONES Obedecer y siempre brindar placer. Podemos hacer tus fantasías realidad, en el Brulet. No importa cuánto grites o intentes huir, el Brulet siempre será más fuerte y donde te escondas te encontrará. -Eres mía, Aurora. ...
