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Capítulo VIII

El grupo miró por unos segundos al licántropo que se quedó inmóvil. Lucius se acercó colérico hasta el rubito trigo:

–¡Cruc ... !

–¡No Lucio! –gritó Severus y se abalanzó hacia su amigo, forcejando con él para que no atacara al rubio trigo.

–¡Suéltame Severus! ¡¿Cómo se atreve!? ¡Maldito animal!

A pesar de los insultos y eminente ataque, Lupin no retrocedió, y por eso vio como el heredero Malfoy se levantó y llegó hasta él:

–Puedo matarte y nadie llorara por ti, así que explícate Lupin –casi escupió con odio– ¿Mi madre te ha enviado a fastidiar a mi padre?

–Para empezar sé que no eres un asesino, a él –señaló a Lucius– Si lo creo capaz, pero a ti no, en segundo lugar... Promete que mi vida no corre peligro.

–Eso depende de lo que me digas –afirmó Draco.

–Tu madre... Narcissa se fue hace tres días y ni siquiera sé a dónde.

–¿Te abandonó? – preguntó incrédulo el rubio menor.

-Si.

–Vaya... Entonces sé cuál es tu motivo para ofrecerte a ser esposo de mi padre... vivir.

Lucius se soltó del agarre de Severus y fue hasta el sillón donde se sentó y acomodó la túnica sin mirar a nadie:

–Es una lástima que no es viable tu ayuda, debo casarme con una mujer por supuesto, pues soy el patriarca de la familia Malfoy hasta que Draco herede ese honor.

Draco y Severus miraron a Lucius, sin embargo este no se retractó. Remus se adelantó unos pasos:

–Puedes aceptar mi oferta o rechazarla, sin embargo sé perfectamente el motivo por el que odias a los licántropos y puedo usar si me obligas.

Lucius se levantó de nuevo con el rostro escarlata trasfigurado por la furia, sintiendo que ese miedo visceral hacia esas oscuras criaturas se apoderaba de nuevo de él, ¡Debía matarlo, hacerle sufrir, lo que fuera para detener al licántropo de atacarlo! Se sintió perdido como en su niñez...

Su padre no estaba y el elfo que lo cuidaba habia muerto a manos de su perseguidor. Lucius un pequeño de cinco años se arrepentía de estar separado de su padre en ese callejón, ahora escondido detrás de unos escombros tratados de hacerse invisible para que ese monstruo no lo encontrara...

Ven aquí, pequeño bocadillo suculento, –El hombre jadeó– pensar que la suerte me ha sonreído al traer a mí a un pequeño como tú, si no tuviera tanta hambre, hueles tan bien –Se relamió los labios el tipo que ya estaba frente al bulto lloroso que era Lucius–, te dejaría para compartir mi cama y tener mis...

¡Avada Kedavra!

La maldición dio de lleno en el cuerpo del hombre. Abraxas corrió a ver a su hijo que gritó y luchó sintiendo que alguien lo levantaba y después... se desmayó...

El rubio se había dejado caer en el sillón apretando los descansabrazos y se obligó a no gritar de miedo e ira. Draco llegó hasta él y susurró:

–Vamos padre, es hora de que tomes una siesta, seguiremos con esto más tarde.

-Si.

Lucius se dejó conducir por su hijo que estratégicamente evitó a Lupin. Severus dejó que los dos Malfoy salieran antes de acercarse a Lupin:

–Eso fue una jugada cruel, no propia de Gryffindor .

–Para salvar la vida se hacen cosas improbables.

compromisoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora