Capitulo XXXIII
Kingsley trató de evitar que la bruja siguiera parloteando:
–Mañana discutiremos ese tema.
–Pero...
–Ya está madrugada Dolores.
La mujer vio que el Ministro no parecía estar bromeando:
–Mañana a primera hora podría...
–Sí, ya le dije que mañana.
Para desgracia de Kingsley y su olfato, la mujer con olor a gato compartió el elevador con él.
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Narcissa se peinaba la cabellera antes de por fin poder descansar en su casa, cuando el elfo le avisó que tenía visita. La bruja se acomodó el cabello y alisó la bata sobre su cuerpo y salió a recibir a quien ya no pensó una visita en fuero interno, pero que para las normas sociales debería pasar como una. La bella rubia bajó hasta la sala y saludó:
–Buenas noches Kingsley o por la hora, días.
–Siento levantarte a esta hora...
–No te preocupes apenas iba a acostarme.
–¡¿Apenas?!
–Si ya vuelve tarde de Surrey.
–Sí es por eso que vengo a verte.
–¿Solo por eso?
Kingsley se sonrojó, más no se notó y sonrió.
–No solo por eso y los sabes, pero es urgente.
–¿Qué sucede? –se preocupó la mujer de ojos azules.
–Umbridge...
El Ministro se quitó la túnica y se sentó a un lado de la rubia relatándole lo sucedido y lo que esa mujer estaba insinuando sobre él y sus conocidos.
–Esa mujer ya no debería de estar trabajando en el Ministerio.
–Y no falta mucho para que ya no lo esté.
–Mientras tanto aún puede hacer daño.
–Debemos avisar a los demás, para que se preparen con argumentos legales.
–O publicitarios.
–¿A qué te refieres?
–Hay que difundir la noticia del ataque en la fábrica.
–No es echar leña al fuego.
–No, pues como ya confirmamos con el artículo acerca de la historia de la muerte de la esposa de Caín por que no fue atendida, se notó que la comunidad mágica se lamentó por ese hecho, ahora imagina ¿que dirán si se enteran que hubo un ataque en Surrey -no tenemos que decir que también fueron licántropos- y que los heridos no fueron atendidos por estos negligentes y prejuiciosos medimago y medibrujas?
–No sería mala idea, pero eso se tiene que hacer de inmediato...
– E con mi primo.
La rubia caminó hasta la chimenea y llamó a la mansión Black Snape. Kaly respondió:
–Señora Black, los amos no se encuentran en este momento.
–¿Siguen en la Fábrica de Surrey?
–Si señora.
La rubia se lamentó, pues seguro que todos estarían en ese lugar o lo que es lo mismo, que no estarían muy descansados. Debía actuar rápido, pues el futuro y herencia de su hijo estaba en juego, además ya había perdonado a esos dos por romperle el corazón; después de todo gracias a eso ahora estaba con un hombre que solo tenía ojos para ella.
