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Capitulo XXVII

Severus englobó en su boca el pene de su marido y escuchó el gemido casi gruñido de esté. Ambos desnudos sobre la cama, celebraban que los atentados se hubieran resuelto. Severus siguió chupando el falo que empezó a pulsar.

Sev... ya... se retiró...

El pocionista no hizo caso y sintió como la descarga del animago entraba en su boca, Sirius gimió y bajó la vista para observar el espectáculo de su esposo tragando su esencia, eso siempre lo ponía caliente y el ex profesor lo sabía, pues se desarrollaría relamiéndose los labios.

Y bien Fido ¿qué te parecería si te montara?

Sev no sabes cómo me pone que hables sucio.

Severus arqueó una ceja y respondió.

Black a ti hasta que me ponga una bufanda te pone caliente.

Bueno, eso sí.

El de ojos negros se fue acomodando y con ayuda del de ojos grises fue auto penetrándose sintiendo como el miembro del animago lo iba llenando. Cuando ambos estaban listos, Severus inició el sube y baja apoyándose en el pecho musculado de Sirius que con una sonrisa de lo más lujuriosa, vio como su pene entraba y salía del orificio de su esposo. El Black tomó el pene de Severus y lo masturbó al mismo ritmo de los movimientos de este, y poco rato más tarde ambos se corrieron, sintiéndose plenos.

Snape cayó recostado sobre el pecho de Sirius y este lo aferró posesivamente sintiendo como la flacidez hacia que su pene abandonó su reciente nido. El de cabello negro con reflejos azules se comprobó acariciando el vientre de Severus

Ya se sintió.

Si y pronto seré una bola con patas al que ya no veras caliente.

Seguirás siendo mi sueño húmedo.

–... – Severus tenía en la punta de la lengua una pregunta, pero su orgullo no se lo permitió decir en voz alta «¿Me lo juras?».

Si lo serás. –Sirius respondió la pregunta no dicha, pues estaba conociendo muy bien a su pareja.

El pocionista algo remolón tuvo que abandonar los brazos de su esposo y levantarse:

Apenas si tendremos tiempo de alistarnos.

Ya, pero no podíamos dejar de celebrar.

–...

Los dos pelinegros fueron hasta el cuarto de baño en el que la tina ya estaba lista para un baño relajante.

Al terminar almorzaron en la terraza de su habitación vestido solo con albornoces.

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Lucius terminó de acomodarse la túnica color azul oscuro y se miró al espejo:

Insisto en que el embarazo nos sienta de maravilla –dijo su imagen.

El rubio sonrió y salió del cambiador viendo que Remus iba entrando.

¿Por qué no estás listo Remus?

Estaba hablando con Arthur.

Ah...

Quiere venir a disculparse personalmente. Le dije que no es necesario

No lo es, en otro tiempo me hubiera encantado verlo humillado, pero...

Cambiaste.

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