162- Anticuados -162

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Me encontraba discutiendo con mi hermosa suegra. Desgraciado fue quien me la mandó.

—¿Qué necesita?— Dije luego de un suspiro al recibirla en mi casa.

Había tenido una hermosa noche con mi novio secreto y la verdad era que no tenía ganas de que alguien me lo arruinara.

—Mirá Mauro… yo sé que he sido muy dura con vos, pero hoy vengo a hablar desde el corazón— Me dijo en un tono medio nervioso.

Asentí y me crucé de brazos. Le hice una seña para que siga hablando y tomó aire.

—Necesito que dejes en paz a mi hijo. —Rodé los ojos. —Su vida se está viniendo abajo y yo estoy muy preocupada, Mauro. Podrías tener aunque sea un poco de empatía.

Reí. —¿Empatía? ¿es un chiste? Si hay alguien que no tiene ni un poquito de empatía acá es usted. Tiago se está volviendo loco por la culpa de sus padres, que lo tratan de enfermo.

—¡Yo quiero ayudar a mi hijo a curar su enfermedad!

Más anticuada imposible.

—Sara, no estamos en el 1950. ¿Puede aunque sea intentar renovar sus pensamientos ridículos? Tiago ama a alguien, ¿qué carajo tiene de malo?

—Mi hijo no te ama, no te confundas. Tiago está pasando por un momento de confusión y sos vos con el que está probando…

Volví a reír. —Me doy cuenta que no tuvo ni siquiera la delicadeza de tener una conversación con su hijo. Tiago me ama, señora. Y si le cabe alguna duda, pregúntele.

Bufó totalmente nerviosa. Tenía hasta los ojos llorosos de la bronca.

—Mauro… por favor dejá en paz a mi hijo…

—Sara, su hijo es libre de hacer lo que quiera, yo no lo obligo a nada. ¿Por qué se piensa que me pidió que no me vaya a vivir a España? ¿Se piensa que lo obligué? No, señora, Tiago me ama y eso no tiene nada de malo.

—¡Vos deberías estar en España para que todo esto se termine!

—Adivine porqué no estoy allá. Porque su hijito fue al aeropuerto y me frenó. Se lo repito, Tiago no está obligado, Tiago está conmigo porque quiere y me ama.

Volvió a bufar.

Sonreí satisfecho todavía cruzado de brazos.

—Esto no va a quedar así.

Reí. —Como si fuera una competencia.— Negué. —Sara, métase esto en la cabeza: ¡Es a-m-o-r! Yo lo amo con toda mi vida y él a mí.

Finalmente se fue enojada.

Estaba trabajando atendiendo el mostrador de la librería, como todos mis mediodías, hasta que algo me sorprendió pero para mal.

—¿Qué hacés acá mamá?

—Que fea forma de recibir a tu madre, Tiago.— Se acercó hasta apoyarse en el mostrador.

—¿Qué haces acá?

—Vengo de hablar con Mauro en su casa.

Fruncí el ceño y me enderecé ya que estaba apoyado en el mostrador.

—¿¡Qué!? Ay dios mamá.— Tapé mi cara suspirando.

—Hijo.

—¿¡Qué pasa!?

—¿Vos de verdad lo amas? M-me dijo eso… yo no creo que eso sea así pero me quise sacar la duda…

Suspiré y la miré.

—Sí, Sara, lo amo. —Hizo cara y un sonido de sufrida.— De verdad que no entiendo qué carajo te molesta, lo conoces y sabes que es buen pibe, mamá.

—¡Ese es el problema! ¡es un chico! ¡es inmoral!

—Mamá por dios renovate de una vez, por más de que vos y papá me lo repitan yo no voy a cambiar para su bienestar. A mí me gusta Mauro y quiero estar con él. Si no les gusta lo lamento, no me importa que sean mis viejos, si no me bancan en ésta para mí están muertos.

Me miró totalmente indignada.

—¡Espero que no nos vengas a pedir nada!

—Quedate muy tranquila, no los necesito.

—Insolente. Yo no te crié así, es ese desviado que cambió tu forma de ser. No cuentes con tus padres nunca más.— Me dijo de una forma muy dura y se fue.

Lógicamente, me re dolió lo que me dijo y de la forma que me miró, como si fuera un delincuente. Pero fingí demencia y seguí trabajando.

No pude evitarlo, mientras organizaba los libros una lágrima cayó por mi mejilla. Me daba mucha bronca y tristeza que no acepten mis gustos. ¿¡Tanto les molesta que salga con un chico!? ¡A ellos no les cambia en nada!

Apoyé un papel en el mostrador y me puse a escribir los nombres de las personas que se habían llevado prestado un libro, hasta que una voz me desconcentró.

—¿Existirá un libro que solo tenga fotos de usted?

Levanté la vista y sonreí de oreja a oreja al verlo.

—¡Mau!— Lo abracé con el mostrador en el medio. —¿Q-qué hacés acá?

—Quería verte casquito.

—Nos vimos toda la noche…— Cerré los ojos sonriendo en el abrazo.

—Ya sé y no me olvido.— Soltamos una risita. —Pero quería verte, mi amor. Me imagino que vino Sara para acá.

Rompí el abrazo para mirarlo.

—Sí.— Bajé la mirada. —Me mandó a la mierda… me dijo que no cuente con ellos y no sé qué más.— Suspiré.

—Eu, Tiaguito.— Estuvo a punto de levantar mi vista pero prefirió caminar hasta el lado del mostrador que estaba yo. Acarició mi mejilla sonriendo levemente. —Yo sé que es una mierda eso, pasé por lo mismo… pero no hay que dejar que se salgan con la suya y nos amarguen la existencia. Hay que hacer como si nada y ser felices juntos…

Asentí y acaricié su mano la cual estaba en mi cachete.

—Yo sé eso amor… pero… me da bronca.— Lo miré medio triste. —Te pido perdón, sé que se metió en tu casa y… y me imagino como te habrá tratado. Perdoname Mau.

Negó y se acercó.

—No pidas perdón, está todo bien, en serio. Vos no tenes la culpa de nada, mi rey. —Me regaló una sonrisa muy tierna. —Eu… te amo.

Reí bajito. —Yo también.— Me acerqué y le di un besito. —Pero… no da hacer esto acá… es mi laburo.

—Vos me diste el beso, gil.

Rodé los ojos y reí. —Ya sé, me lo digo a mi mismo.

Soltó una risa.

—¿En tu lugar de trabajo está permitido abrazarse?

—¡No te burles!

—Okay, okay, pero abrazame cara de pan.— Me pegó suavemente en el cachete y después de reír lo abracé.












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One shoots LitiagoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora