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Noviembre

Una risa ligera escapó de los labios de Taehyung cuando el pequeño cachorro que se había encontrado en el bosque saltó hacia su pecho y se resguardó del frío en sus cálidos brazos. El cachorro ladró en su dirección y lamió su mejilla, causando más risas en el omega, quien no dejaba de acariciar su cabello con ternura. A su lado, Seokjin abrió una de las mantas sobrantes de su labor benéfica de aquella mañana para cubrir al canino del frío de otoño que poco a poco iba sintiéndose más fuerte. El cachorro se acomodó y descansó su cabeza en el antebrazo de Taehyung antes de cerrar sus ojos y respirar con lentitud.

―Debió haberse perdido esta mañana ―comentó el omega―. Parecía demasiado asustado cuando lo encontramos.

―Ahora descansa de manera perfecta en tus brazos. Es obvio que ha olvidado el miedo y ahora ha podido relajarse un poco.

Taehyung le mostró una sonrisa enternecida. Cuando el cachorro se durmió, el omega continuó su pequeño paseo por el bosque, siendo acompañado de una escolta de seis guardias y Seokjin, quien no lo había dejado en ningún momento del día, por pedido del propio Taehyung. Sus pasos se volvieron cada vez más lentos cuando vio su destino a solo unos metros de él, su semblante se volvió nostálgico de un momento a otro y no dudó en dejar al pequeño cachorro en brazos de Seokjin cuando se encontró frente a la cabaña de su hermano, la cual había sido limpiada y decorada por las sirvientas de palacio esa misma mañana.

―Ha quedado hermosa ―comentó el omega―; no parece que haya estado sin mantenimiento durante tres semanas.

―Les ordené que hicieran un buen trabajo.

―Procura pagarles con monedas de oro por esto, Seokjin-hyung. Es lo mínimo que merecen por dejarla impecable.

Seokjin asintió a su petición a sus espaldas, dispuesto a cumplir con su mandato.

Uno de los guardias le entregó un ramo de prímulas cuando el omega extendió el brazo en su dirección. Taehyung le agradeció con la mirada antes de acercarse al pequeño espacio donde residía el altar hecho en honor a Minseok, el mismo que él había colocado meses atrás, el día después de la partida de su hermano. El altar tenía una imagen dibujada por el mismo Jaeyoon y algunos recuerdos que Taehyung había mantenido del beta después de su muerte, además de talismanes y flores ya marchitas que no dudó en reemplazar inmediatamente con las prímulas que tanto adoraba el mayor.

Taehyung nunca pudo averiguar dónde descansaban verdaderamente los restos de su amigo, pues Jaeyoon se había mostrado demasiado reservado con esa información, pero esperaba que al menos ese pequeño altar en su nombre fuese suficiente para que el alma del beta supiera que no lo había olvidado en todo ese tiempo, como él había creído que sucedería.

Love Story ; hopev.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora