Los colchones de flores de diferentes tipos de calanthe habían llegado esa mañana, entregados personalmente por un muy nervioso Señor Thomson, que temía que su trabajo fuera encontrado falto. Harry, como la pequeña mierdecilla manipuladora que Draco sabía que podía llegar a ser sí quería, mantuvo una expresión de neutral indiferencia mientras inspeccionaba los colchones con sus intrincados diseños que entrelazaban un mar de colores, las púrpuras más oscuras al centro y el más tierno blanco en los bordes.
—Señor Thomson —llamó Harry, disfrutando internamente como el vendedor se apresuró a llegar a su lado, sudando de forma copiosa dentro de su ropa de invierno—. Debo de admitir que no era lo que esperaba —La expresión del vendedor cayó ante el miedo y Draco tuvo que girar la cabeza con disimulo para ocultar su sonrisa—. Es mejor —admitió Harry, viendo el alivio florecer en el pobre hombre—. Muchas gracias, ha hecho usted un trabajo excelente.
—Gracias a ustedes por confiar en mí —respondió el Señor Thomson, respirando por lo que parecía la primera vez en siglos—. Tengo servicio de instalación, si llegan a necesitarlo.
—Lo agradecemos, pero de eso nos encargamos nosotros —dijo Draco, estrechándole la mano al vendedor y dejando un beso en el hombro de Harry—. Vuelvo ahora, mi querido. Venga conmigo, le entregaré el pago acordado y lo acompañaré a la chimenea.
—Es usted muy amable, Señor Malfoy.
Una vez solo en la habitación, Harry se dejó llevar por el suave olor de las flores y la belleza creada. No imaginaba cómo un niño podría usar esto para evitar heridas en sus caídas, pero su imaginación resultaba insuficiente cuando intentaba comprender todo lo que el Mundo Mágico ofrecía. Con un suspiro pesado y su mano acariciando su bajo vientre, Harry se sentó en el asiento más cercano.
—Estás muy inquieta hoy, ¿verdad, Calantha? —dijo Harry, tocando donde sabía que debía estar la cabecita de su hija.
No se sentía tan arriba como estaba acostumbrado y las patadas ahora eran más en el centro de su abdomen y menos en sus costillas, pero Harry no le dio importancia. Otra punzada de dolor se extendió desde su bajo vientre y por su interior, haciendo a Harry aspirar aire de forma brusca y, luego, calmándose. Harry tarareó por lo bajo, buscando relajarse.
—El Señor Thomson parecía muy contento al irse —comentó Draco, reingresando en el salón.
—Seguro que la suma desproporcionada que pagaste tiene algo que ver con eso —repuso Harry, acariciando su vientre y cerrando los ojos un instante, su cabeza recostada contra el espaldar.
—¿Te sientes bien, Harry? —preguntó Draco, siempre preocupado por cualquier cosa que pasara con Harry y su bebé.
—Ella está pateando fuerte hoy —respondió Harry, abriendo los ojos para mirar a Draco.
La adoración en el gris que antes mostraba desprecio, odio y temor era un sentimiento bien recibido. Harry sintió su pecho apretado y algo removerse dentro, todo en él centrado en la mirada deslumbrada de Draco, como si Harry fuera una veela en su cercanía.
—¿Algo que pueda hacer para ayudarte?
—De hecho, sí —Harry estiró ambas manos hacia Draco, aferrándose a él cuando las tomó y dejando que la mayor fuerza la hiciera Draco al levantarlo—. Vamos a la habitación.
Con una sonrisa amable, esa que pocas veces Draco mostraba y que se había reservado solo para Harry, Draco guió el camino hacia la habitación sosteniendo la mayor parte del peso de Harry. Por momentos debía detenerse, viendo como Harry apretaba los dientes y se sostenía el vientre. A veces tenía una reacción similar con patadas particularmente duras por parte de la bebé, pero nunca tan frecuentes.
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Siempre a ti (Drarry)
FanfictionDespués de una vida de enfrentamientos y disgustos mutuos, el tiempo posterior a la guerra trajo a la superficie sentimientos no resueltos que tanto Harry como Draco negaban. De esa unión, para ambos casi insuficiente y traicionera, surgió un result...
