Capítulo 7 "Algo de los dos"

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La habitación de paredes grisáceas y cortinas verde oscuro lo recibía con una fría familiaridad. Había dormido aquí todos los días de su vida hasta los once años, cuando la carta de Howgarts llegó y su nueva vida en el castillo empezó.

Draco intentó evocar lindos recuerdos de su tiempo en la Mansión Malfoy, y no mentiría diciendo que no tenía buenas memorias. Había sido el único hijo de sus padres, y tener los apellidos Malfoy Black incluía una serie de malcriadeces consentidas que él había disfrutado. También habían arruinado del todo su personalidad.

Narcissa había cuidado a Draco con amor y lo había consentido en todo porque era su pequeño dragón furioso. Lucius había cedido a cada capricho solo por demostrar que un Malfoy siempre tendría lo mejor. Draco había sentido el amor de su madre hacía él y, a su manera, creía que su padre también lo amaba. Pero era ese punto de incertidumbre lo que no quería que sintiera su hijo respecto a él.

—Dragón —llamó Narcissa desde fuera de la habitación.

—Adelante, madre —Draco mantuvo las manos en sus bolsillos y relajó los hombros cuando Narcissa se unió a él, cerrando la puerta a sus espaldas—. No tienes que pedir permiso, ¿sabes? Esta es tú casa y yo ya no vivo aquí.

—Esta siempre será tu casa también, Draco. La Mansión Malfoy es tuya por herencia. Y esta es tu habitación, sería una falta absoluta de respeto de mi parte entrar sin tu permiso —expresó Narcissa, con esa sutil firmeza que no dejaba apertura para discusiones. Draco sonrió—. ¿Pensando en el bebé?

—Sí, o bueno, no exactamente —Draco frunció el ceño, sus músculos perdiendo la dolorosa tensión cuando su madre se sujetó a su brazo y ambos giraron para observar la habitación—. Estaba pensando en todos los cambios que se le hicieron a la habitación desde que la recuerdo.

—Cuando eras pequeño estaba llena de adornos flotantes de seres marinos que habitan en el fondo del Lago Negro de Howgarts —comentó Narcissa con una sonrisa melancólica, acariciando el brazo de Draco—. A veces me pregunto si no habremos impuesto la personalidad Slytherin en ti sin dejarte opción.

—No, madre; soy un Slytherin, de eso no hay discusión —rebatió Draco con una risa queda. Amaba a su madre tanto como esperaba que su hijo lo amase a él—. Tengo miedo, madre. No quiero repetir los errores de mi padre.

—Los errores de tu padre no fueron solo suyos, yo también fallé —corrigió Narcissa de forma apagada—. Sé que no fui tan severa como él, pero en mi falta de actuar y sumisión, permití todo el daño que se te hizo. Pero sé que Harry y tú no cometerán esos errores. Tendrán los suyos propios, porque ser padre no es fácil, pero no serán los nuestros.

—Quería agradecerte, madre —susurró Draco, sacando sus manos de los bolsillos y envolviendo las delicadas manos de Narcissa entre las suyas—. Me protegiste y defendiste durante la guerra, y me has apoyado sin vacilación después de esta. Has aceptado mi relación con Harry con una naturalidad pasmosa y me has hecho sentir seguro de lo que estoy haciendo.

—Oh, Draco, mi querido dragón —dijo Narcissa, su voz desgarrándose ante la intensidad del momento—. He sabido de tu obsesión por Harry Potter desde siempre. Tu padre pudo ser ciego, pero yo te veía. Sé que nada ahora enmienda los errores del pasado, pero no permitiré que sientas que no puedes contar conmigo de nuevo, o que te juzgaré de ninguna forma. Estoy muy feliz por ti… por ustedes.

No hubo lágrimas, porque los Malfoy no lloraban en momentos emotivos y eso estaba profundamente grabado en ellos. Aun así, Draco abrazó a su madre con fuerza, envolviéndola entre sus brazos como si fuera una figura de cristal delicado que podría romperse.

Narcissa se aferró a su hijo con fiereza, apretando sus cuerpos juntos y casi asfixiándolo. Una sonrisa despejó la tristeza plasmada en su rostro cuando sintió a Draco devolverle el abrazo con igual fuerza, enterrando su rostro en su cuello como si ella no fuera demasiado pequeña a su lado. Su dragón había crecido mucho.

Siempre a ti (Drarry)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora