Conversación con Dudley
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Le dolían sus hombros y sentía que la cabeza le iba a explotar, había sido mala idea cargar aquellas cajas de mudanza por sí solo, pero tampoco era que pudiera permitirse pagar a un equipo para que lo ayudase, y no tenía amigos en general. La primera parte tenía mucho que ver con su crecimiento como persona y sus deseos de ser mejor, la segunda era solo la consecuencia de un comportamiento torcido que se alargó durante su infancia y adolescencia.
A veces, cuando se veía solo en aquellas paredes color crema de su pequeña casa pagada con la cuenta de ahorros que sus padres le habían hecho para una universidad a la que no asistió, Dudley los culpaba a ellos. Le habían mostrado que el odio, el rencor, la violencia, la humillación y el maltrato eran formas aceptables de comportamiento; Dudley tardó demasiado en aprender que no era así y, para cuando lo logró, ya era demasiado tarde.
Rectificó tanto como pudo el daño, alejándose de sus amigos violentos que en realidad no eran amigos, pidiendo disculpas a aquellos a quienes había lastimado y modificando su comportamiento. Cuando fue evidente que su fuerza de voluntad no era suficiente, Dudley empezó a ir a terapia. Su terapeuta le recomendó asistir a reuniones de grupos de apoyo, pero eso significaba interactuar con personas y él quería evitarlo, temeroso de que su lado más torcido saliera a la luz. No se sentía listo.
El teléfono de la casa resonó de forma escandalosa y Dudley enterró más profundo el rostro en la almohada, deseando esconderse de quien solo podía ser su madre a aquella hora inhumana de su día de descanso. La universidad fue un sueño de sus padres que él no pudo ni quiso cumplir, pero Dudley había logrado conseguirse un trabajo pese a todo.
Refunfuñando por lo bajo, Dudley hizo acopio de todas sus fuerzas y se levantó de la cama, saliendo de la habitación para tomar la llamada de su madre desde el único teléfono de la casa, que se encontraba en la sala pequeña; su madre parecía reacia a aprender a usar su celular, lo cual le habría permitido a Dudley hablar con ella desde la comodidad de su cama.
—Buenos días, habla Dudley —contestó, intentando un tono educado que estimulaba conversaciones útiles, como Dudley las llamaba en su mente.
—Dudley, cariño mío —saludó su madre desde el otro lado de la línea, Dudley podía escuchar a su padre con sus amigotes en el fondo—, ¿vas a venir a casa hoy? Estás de descanso y puedo cocinarte tu favorito.
—Mamá, cuando hablamos ayer te dije que planeaba quedarme en casa y descansar después de toda la mudanza —repuso Dudley, algo cansado de que su madre tuviera la manía de ignorar sus explicaciones a favor de sus deseos.
—Pero no hay nada mejor para recuperarse de dolores que la comida de mamá, además, tu padre te ha apartado un dinero que te vendrá muy bien —insistió Petunia, hablando por encima del estallido de carcajadas que erizó la piel de Dudley.
¿Cuán cerca había estado él de terminar así?
Amaba a sus padres, porque no mentiría diciendo que los odiaba o que no se alegraba de que le hubieran dado todo cuanto quiso en la vida, pero no quería ser como ellos, siempre amargados, pudriéndose con un resentimiento eterno en sus interiores. Hubo una época donde pensaba que ese era el ejemplo a seguir, ahora temía que fuera su inevitable futuro.
—Agradezco la oferta, pero no estoy de humor para compartir con papá y sus amigos —excusó Dudley, aferrándose a la última respuesta esquiva que le quedaba antes de tener que escuchar a su madre llorar para hacerlo cambiar de opinión.
—Dudley, cariñito, sabes que puedes solo quedarte conmigo en lo que tu padre se deshace de sus amigos. Haríamos lo que fuera por ti.
La culpa corroyó a Dudley, ese sabor amargo de sentirse mimado y consentido cuando habían tantas cosas malas respaldadas por ese amor que sus padres le tenían. Los amaba, eran sus padres y habían sido buenos con él, incluso si su crianza no fue la correcta; y, a veces, se sentía mal amarlos sabiendo las horribles personas que eran, la horrible persona en que lo habían convertido.
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Siempre a ti (Drarry)
Fiksi PenggemarDespués de una vida de enfrentamientos y disgustos mutuos, el tiempo posterior a la guerra trajo a la superficie sentimientos no resueltos que tanto Harry como Draco negaban. De esa unión, para ambos casi insuficiente y traicionera, surgió un result...
