El diploma de graduado de Draco, con la aprobación de su estudio de la alquimia para proyecto investigativo futuro que indicaba posibles avances para la Comunidad Mágica, llegó dos semanas después de su breve y doloroso secuestro. Había pasado la mayor parte de ese tiempo en San Mungo, dando declaraciones a los aurores, entrevistándose con el abogado de la familia y preparándose para el juicio.
Draco quería poder decir que todo era sencillo, que había sido atacado y torturado por un grupo sin importancia de magos frustrados y todo iría normal después de que fueran encarcelados. No era así. La líder del movimiento había sido Ginny Weasley y eso significaba una nueva destrucción de la apenas recuperada relación de Harry con la Señora Weasley, y una mayor distancia entre él y el resto de esa familia.
Una vez que Draco estuvo fuera de peligro inminente, Harry se rompió. Había empezado a llorar una madrugada, tomado de la mano de Draco en la habitación del hospital, sin motivo aparente. No importó lo que Draco hizo, nada lo detuvo hasta la salida del sol. Las cosas solo fueron cuesta abajo después de esa noche.
Harry lloraba literalmente por cualquier cosa, por ínfima que fuera. Lloró cuando Draco tuvo permiso para pararse de la cama por su cuenta, y cuando el abogado los visitó para anunciar la fecha del primer juicio. Lloró viendo a Draco comer, y la noche en que su madre trajo una manta verde para que él usara y Draco decidió dársela a Harry y seguir usando la roja.
Hubo ocasiones que Draco comprendió, como cuando llegaron los periódicos al hospital con la noticia del ataque a Draco en primera plana, o el día en que le dieron el alta del hospital y ambos regresaron a Grimmauld Place. Hubo otras en que Draco quiso llorar también, acompañando a Harry en sus sentidos llorosos mientras Molly y George Weasley los visitaban, abochornados por la actitud de la menor de los Weasley, y le aseguraban a Harry que no querían perderlo como familia; sobre todo la Señora Weasley, que acaba de recuperarlo.
Por eso Draco estaba ahora en su estudio, con su diploma en la mano y temeroso de avisarle a Harry que había llegado. No quería causar otra de sus crisis de llanto sin sentido. Tanto la Señora Weasley como su madre y, especialmente, su padre, le advirtieron que eran las hormonas del embarazo. No es que las personas se volvieran locas, pero sí se hallaban más susceptibles y podían fluctuar entre emociones de esa manera.
Todos aseguraron que en algún momento la emoción del llanto pasaría y otra tomaría su lugar. Draco estaba ansioso porque llegara el cambio. Ver a Harry llorar todo el tiempo sin motivo real lo estresaba, no es que no lo comprendiera; pero con un embarazo como el suyo, temía que algo le sucediera al bebé.
—¡Draco!
El grito de Harry desde la habitación erizó a Draco, soltando el diploma en el escritorio casi como si ardiera y corriendo fuera de su estudio. No había sonado como alguien lastimado, pero Draco no lo haría esperar, fuera lo que fuera. Las escaleras se sintieron infinitas durante la subida. La puerta chocó contra la pared en un estrépito que no estaba destinado a suceder cuando Draco entró desesperado.
—¿Harry?
Cualquier duda existente se desvaneció en el aire, su cuerpo arrinconado contra la pared, las manos de Harry encarcelando su rostro en una posición fija, sus labios sobre los suyos en un reclamo exigente que apenas le dio tiempo a Draco a responder. El calor del cuerpo ajeno lo sobrecogía y envolvía como un manto, llamándolo de la forma más atrapante posible.
—¿Harry, qué…? —intentó preguntar Draco, sus labios una vez más sellados por la intensidad de los besos de Harry, un gruñido resonando en sus profundidades cuando sintió sus dientes encajarse en su labio inferior como un regaño a sus palabras.
—Te necesito, Malfoy —declaró Harry, su voz alcanzando una nota lujuriosa que Draco pocas veces le había visto obtener por sí solo.
Desconcertado y con su mente nublada por la excitación que recorría su cuerpo, Draco apoyó ambas manos en los hombros de Harry e impuso una diminuta distancia entre ellos, apenas lo suficiente para que sus ojos se embebieran en la viva imagen de la belleza. Fue así como lo comprendió. Harry, con sus ojos brillantes de pupilas dilatadas y sus mejillas con un encantador tono rojizo, estaba excitado.
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Siempre a ti (Drarry)
Fiksi PenggemarDespués de una vida de enfrentamientos y disgustos mutuos, el tiempo posterior a la guerra trajo a la superficie sentimientos no resueltos que tanto Harry como Draco negaban. De esa unión, para ambos casi insuficiente y traicionera, surgió un result...
