Capítulo 18 "Como la luna"

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Un manto blanco de nieve cubría Londres, contrastando con la explosión de adornos rojos y verdes que decoraban cada establecimiento, calle y casa. La navidad en el Mundo Muggle reunía a las familias para una celebración de practicada indiferencia y una cena en la que los más educados apreciarían cada defecto ajeno en silencio, y los menos educados los señalarían en voz alta.

El Mundo Mágico, por su parte, se dividía en dos en estas fechas. Los más modernos, aquellas familias altamente influenciadas por el desarrollo muggle que había perforado la exclusividad mágica a lo largo de los años, celebraban la Navidad de la misma manera. En cambio, los más conservadores se negaban a perder la conexión con la historia de la magia. Ellos celebraban el Yule.

Draco había ansiado la fecha desde que el invierno llegó, deseoso de mostrarle a Harry una verdadera celebración mágica y las costumbres que sabía que los Weasley habían perdido debido a su condición. En todos los planes que hizo para la Noche de Yule, siempre soñó con ver a Harry con una expresión de felicidad, sus ojos verdes brillando con asombro y sus labios sobre los suyos como agradecimiento por sus esfuerzos.

La vida, como Draco bien había experimentado desde su entrada a Howgarts, tenía una forma de torcer los planes que simplemente era explosiva, en el mejor de los casos; devastadora en otros. Draco prefería no pensarlo. Así, la Noche de Yule llegó y Draco veía a Harry fruncir el ceño y apretar los dientes ante el dolor, una capa de sudor espesa cubría su cuerpo y podía ver el esfuerzo consciente que hacía por no moverse, apretando la mano de Draco hasta cortarle la circulación. Él no se quejaba.

Dos semanas, eso fue todo lo que los medimagos pudieron postergar el momento definitivo. Habían realizado chequeos tres veces por día, se habían empleado encantamientos y pociones de todos lados del mundo, incluso habían traído medimagos de otros países, todo por comprarles más tiempo. Harry no estaba listo para el parto y Calantha estaba demasiado impaciente.

Las contracciones habían empezado al mediodía; desde entonces, un desfile de medimagos y sanadores había transcurrido por la habitación sin éxito. La noche empezaba a cerrar el cielo, el azul oscuro apoderándose de los restos rojizos del atardecer, y el tiempo se había acabado.

—No podemos prolongarlo más, hay indicios de sufrimiento fetal —dijo el medimago, siendo respaldado por el asentimiento del Dr. Alcázar—. Tendremos que hacer la cesárea de inmediato.

Draco había dado su autorización hacía una semana, al igual que Harry, cuando una situación similar a esta había sucedido. La diferencia era que ahora era real. Los sanadores movieron a Harry a través de los pasillos, con Draco siempre a su lado, y fueron trasladados hacia el quirófano que había sido reservado para ellos desde el ingreso de emergencia.

Sus ropas fueron cambiadas por vestimentas estériles y Draco permitió que le encantaran para la protección del ambiente estéril del quirófano. Harry temblaba con cada contracción, acostado sobre la camilla y con un velo mágico que le impedía ver lo que sucedía de su pecho hacia abajo. Draco tomaba su mano y dejaba besos en el dorso de esta, distrayéndolo en todo momento.

—¿Recuerdas nuestras peleas en la clase de pociones? —preguntó Draco, consiguiendo que Harry sonriera ante la mención de aquellas épocas.

—Siempre estabas dispuesto a provocarme, probablemente ya estuvieras loco por mí en ese entonces —respondió Harry con una sonrisa, aliviándose ante la función anestésica de la poción que le habían dado a tomar.

—De hecho, sí —admitió Draco, sonriendo con marcada travesura cuando Harry lo miró confundido—. Potter, ¿no me digas que eres tan ciego que no sabes que te he amado desde primer año de Howgarts? Puede que incluso antes, si la cantidad de veces que mencioné tu nombre cuenta para algo.

Siempre a ti (Drarry)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora