Capítulo veintiséis

267 21 80
                                        

🗣Nota rápida: capítulo intenso, final de esta segunda parte, no soy buena describiendo escenas de acción así que discúlpenme por eso!






-ˋˏ ༻ 26 ༺ ˎˊ-

Los sabuesos apretaron sus narices debajo de la puerta

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Los sabuesos apretaron sus narices debajo de la puerta. Sus aullidos ansiosos atravesaron la madera, y se oían más fuerte que la lluvia que caía afuera.

Joe pasó a mi lado como un borrón, levantando sus cosas apresuradamente y guardándolas con prisa dentro de su mochila de piel, mientras Tony lo ayudaba. Bash se inclinó sobre una de las ventanas y movió con un dedo las cortinas; solo lo suficiente para tener un vistazo.

Ni Sam ni Elena estaban a la vista.

—James —Aleu me tomó de la mano y aquello acabó por espabilarme.

—¿Dónde está el resto? —murmuré.

—No lo sé —contestó Tony—. Puede que arriba, pero no lo sé. Bash nos despertó, él los vio acercarse, pero Elena...

Elena estaba de guardia, así que ella tendría que haberlos visto primero. Debería habernos avisado. Pero entonces, ¿por qué no estaba aquí? ¿Y dónde estaba Samuel?

—Estamos rodeados —masculló Sebastian antes de maldecir—. Son al menos diez. Armados y con perros.

—La ballesta no está —informó Tony quedamente—. Nos queda el revólver y la escopeta.

La ballesta era de Elena. La misma que le había robado a esos tipos que le dispararon a Tony y Bash. Se la había llevado. Se había ido. Bash me dirigió una mirada triste, como si él también supiera lo que había pasado con ella.

«No dejaré que esto termine así» me había dicho.

—¡Vamos arriba! —urgió entonces apresuradamente, y así lo hicimos.

Juntamos nuestras pocas cosas y subimos las escaleras hasta el piso superior, donde nos encerramos en una de las habitaciones principales. No había rastro de Sam o Elena.

Tony dio un paso al frente, dirigiéndose a Sebastian que custodiaba la puerta del cuarto igual que un centinela.

—Todavía no podemos usar el auto —explicó Tony mientras daba un paso en dirección a Bash—. Aún no pude hacerlo arrancar.

—Pues corremos —intervine rápidamente por él.

Si tenían automóviles, entonces podríamos perderlos en el bosque. Si tenían caballos, aún teníamos un poco de ventaja; el sotobosque era espeso y difícil de atravesar a gran velocidad si no tenías el animal adecuado. El único problema eran los perros.

Bash no pareció hacernos mucho caso. Él solo dijo:

—Creo que están entrando.

Y acto seguido, oí como la puerta principal se abría con un restallido tras ser forzada. ¿Cómo nos habían encontrado? Fuimos cuidadosos. Tomamos precauciones. No tenía sentido.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Corona de OroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora