1947.
La carta a su nombre y de dudosa procedencia arribó en su vida al mismo tiempo que lo hizo la desgracia.
A sus veinte años James Reagan no deseaba nada más allá de lo que cualquier ser humano podría querer alguna vez: seguridad y est...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Tony sufrió una herida de bala en la zona lateral del abdomen. Lo encontramos no muy lejos, acurrucado contra un pino, y con un torniquete presionado sobre el orificio. Joe se lo había hecho, pero el nudo era débil e inutil. Me arrodillé y traté de reforzar su trabajo.
—¿La bala sigue adentro, o salió por el otro extremo? —La voz de Sebastian se alzó sobre mi cabeza.
—E-está adentro —Tony tensó la mandíbula y se retrajo—. Ay, carajo, James.
—Lo siento —añadí en seguida.
—Eso es bueno.
Tony levantó la mirada y contempló a Sebastian con un ojo. La idea de preguntar quién era pareció correr por su mente, pero si así fue, se contuvo.
—¿Vivirá? —Joe tenía los ojos llorosos y la nariz moqueando.
—A lo mejor sí —murmuré—. Pero necesitamos ayuda. Hay que buscar al resto.
—Los grupos cercanos debieron oír los disparos —Elena miró a su alrededor, como si esperase que Martha fuese a salir de entre el boscaje de un momento a otro—, lo más probable es que corrieran lejos.
—¿Dices que nos abandonaron?
—Digo que ante cualquier percance, el plan sigue siendo el mismo. Van a continuar hasta Northway pase lo que pase.
—Tony no resistiría el camino, y nos quedan pocas horas de luz. Es un día de viaje a pie.
—Podemos ir a Tok —murmuró Sebastian de pronto, pensativo.
—¿Tok? —exclamó Joe, negando furiosamente con la cabeza—. Estaríamos volviendo mucho más atrás y...
—No podemos volver —Elena, más tajante, estuvo de acuerdo. No se me escapó la forma en la que sus manos se estrujaron entre sí.
—Entonces morirá —Sebastian se encogió de hombros.
—¿No podemos tratar de buscar al resto? —reclamó Joe, con los ojos saltando de uno a otro constantemente—. No deberían de estar lejos. Algún grupo...
—El grupo más cercano era el de Gale —irrumpió Elena con amargura, antes de chasquear la lengua—. Debió correr para otro lado nada más oír los disparos.
—Estoy seguro de que los que alcanzaron a oír se habrán desviado al menos un poco —medité—, tardarán en volver a encontrar el rastro de Martha.
—Podríamos enviar a alguien a buscarlos —propuso Joe—. Yo podría hacerlo. Soy rápido y puedo seguir un rastro si estoy transformado. Puedo avisarles lo que pasó.
Dudé. No me pareció sensato por varias razones, pero no me atreví a detenerlo.
—Nosotros retrocederemos hasta Tok para buscar ayuda médica —dije en cambio.