Capítulo 8

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La noche en que Jisung regresó del apartamento de Aera tomó una decisión que le resultó dolorosa: debía alejarse de ella

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La noche en que Jisung regresó del apartamento de Aera tomó una decisión que le resultó dolorosa: debía alejarse de ella. No pretendía hacerlo para siempre, pero sí hasta que lograra enfriar los sentimientos que se le desbordaban. Sabía que, si seguía viéndola todas las semanas como de costumbre, jamás conseguiría controlarlos.

Era una situación que lo sobrepasaba con creces. Cada día que pasaba se sentía más atraído por ella, con un deseo creciente de besarla, y el simple miedo de perder el control en un arrebato y arruinarlo todo lo atormentaba. Optar por la distancia fue una de las decisiones más duras que había tenido que tomar, porque nada le gustaba más que estar a su lado, disfrutar de su risa, de su voz, de su presencia. Aun así, estaba convencido de que era lo correcto, o al menos eso quería creer.

El problema era que, en su interior, la inquietud seguía viva. No saber nada de Aera lo angustiaba más de lo que había previsto, y por más que intentaba convencerse, no encontraba forma de dejar de sentir aquello.

También estaba cansado, exhausto. Si la veía, sus emociones florecían con una fuerza imposible de contener; pero si no lo hacía, lo devoraban las dudas y la incertidumbre. ¿Qué salida tenía ante una situación tan contradictoria?

Por eso, cuando Aera apareció en su habitación después de tres semanas de haberla evitado deliberadamente, su sorpresa fue inmensa. Pero lo que realmente lo dejó sin aliento fue que, tras aquella conversación cargada de tensión y reproches, acabaran besándose, cumpliendo exactamente con lo que tantas veces había imaginado en secreto.

El beso comenzó de manera tímida, lenta e insegura. Jisung dudaba, pues la chica aún no había respondido a su iniciativa. Sin embargo, en el instante en que ella movió los labios al compás de los suyos, sintió que ya no había marcha atrás. Se rindió a la emoción del momento y, como si algo dentro de él se hubiera liberado, profundizó aún más en el contacto.

¿Eso era el paraíso? La sensación superaba cualquier fantasía que hubiera tenido. Era tan intensa, tan cálida y tan real, que comprendió de inmediato que, después de aquel instante, no sería capaz de detenerse; querría besarla una y otra vez.

Aera, dejándose llevar también por la intensidad, se acercó más a él y se acomodó sobre sus piernas, buscando un acceso aún más directo a la boca del idol. Estaban tan absortos que ni el paso del tiempo parecía importarles... hasta que el sonido del teléfono interrumpió aquel momento perfecto. Ella se apartó a regañadientes, con la respiración entrecortada, y contestó.

—Voy a cogerlo, es mi mánager —explicó con un ligero rubor en las mejillas, visiblemente avergonzada.

Jisung, todavía atrapado en la sensación del beso, no pudo evitar fijarse en los labios de Aera: estaban un poco hinchados, señal clara de lo apasionado que había sido el encuentro.

—Tengo que irme —dijo ella justo después de colgar. La llamada había durado apenas unos segundos.

—¿De nuevo? —bromeó él, intentando aligerar la tensión.

Music | Han JisungHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora