16; «Te Lo Ruego»

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— hace rato no veo a Juan, ¿Que le pasó?— le pregunté al pequeño peliazul sentado frente a mi

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— hace rato no veo a Juan, ¿Que le pasó?— le pregunté al pequeño peliazul sentado frente a mi.

— papá está muuuy mal— me responde mientras balancea sus piernas en el aire— según mis tíos dicen, solo está un poco malito.. ¡Realmente no les creo!— dice con una sonrisa— pero no me queda de otra solo que confiar en ellos... porque papá intentó-

Antes de que el terminará de hablar la puerta fue azotada rápidamente, Cein estaba agitado y llevaba un arma en su mano. Su mirada se fue directamente al pequeño peliazul.

— ¡Ollie, vámonos!— el entra por completo a la habitación y toma al pequeño en brazos.

— ¿Eh? ¿Tío, que pasa?— pregunta Ollie esperando una respuesta la cual no llegó.

— m-.. tu también, muévete y larguemonos de aquí— se dirige a mi Cein antes de salir de la habitación, no me queda de otra que seguirlo.

— ¡Roberto, trae rápido a Ollie!— la voz de Abril desde el piso de abajo.

Cein bajó las escaleras y le entregó el niño a Rivers quien se alejó rápidamente dejando atrás a su compañero y pareja. ¿Debo... correr también?

— ¡Paracetamor, trae es maldita metralleta rápido!— bramó la rubia a la chica quien terminaba de cargar la metralleta, entregándole una a Ari y otra a Cein.

— malditos policías...— susurra Cein quitándole el seguro al arma— Iván, lárgate ya o el rey se enojara con nosotros...— se dirige a mi mientras con su cabeza señala una puerta tras nosotros por la cual había salido Rivers con Samael en brazos. Realmente no me quedo de otra que hacerle caso y salir por aquella puerta, detrás de la misma había una salida, la salida que daba al jardín. A lo lejos pude divisar algunos autos, la puerta de uno estaba abierta, supongo que esperándome.

— ¡debemos irnos, Señor!— el conductor habla una vez entré al auto, pero no me dirige la palabra a mi, si no a quien estaba en el asiento copiloto.

— ¡Ya dije que no, ¿o es que no escuchaste?!— Juan tenía su ceño fruncido, una vena se asomaba en su cien mientras golpeaba la ventana con desesperación.— maldita sea... ¿Porque se demoran tanto?— un susurro casi inaudible sale de su boca en la cual habían hilos de sangre.

No pasaron más de cinco minutos cuando Cein corría desesperadamente hacia el carro, en su hombro, tal cual como un costal de papas, estaba Ari quien disparaba a los policías con su metralleta. Estando cerca del carro Cein tiró a Ari quien chocó conmigo y ambos nos quejamos adoloridos, luego entró el cerrando rápidamente la puerta y el conductor aceleró como si no hubiera un mañana.

— ¿Estás?... No les... mm...— Juan intentó preguntar algo a los otros dos.

— solo dos disparos, ambos a mi, en la pierna y el hombro— le sonrió Ari.

𝐃𝐎𝐌𝐀𝐃𝐎Donde viven las historias. Descúbrelo ahora