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- ¿Quien se ha atrevido a meterse a mi maldita zona? ¿¡SIN UN PUTO PERMISO?!- Azotó el informe en la mesa del comedor en donde estaban todos.
- Estamos investigando aún, Juan- Hablo su hermana.
- ¡¡PUES PARECE QUE NO LO HACEN!!- Grito, Samantha rápidamente lo miro con enojo.
- ¿Quieres calmarte? Gritando y asustando a tu hermana no harás una mierda- Las manos de Juan temblaban del enojo, este no dijo absolutamente nada y se dió vuelta dirigiéndose a su oficina.
- M-mierda, va a romperlo todo de nuevo...- Murmuró Abril, Rivers soltó un suspiro cansado antes de tomar unos cascos y colocarselos a su novia con la música a tope.
Los gritos de enojo y cosas siendo tiradas, partidas o incluso arrojadas desde el segundo piso no se hicieron esperar.
- Vamos afuera- Drako tomo la mano de Zorman dirigiéndose al jardín de la casa.
Rivers y Abril caminaron detrás de ellos, dejando a Roberto totalmente solo en el comedor, este saco una pastilla de su bolsillo y se le trago, minutos después dejo caer su cabeza en la mesa totalmente drogado.
- Uhg..¿Porque?- Se preguntó, sabía que todo eso era su culpa, cuánto quisiera arreglarlo.
- MALDITA SEA, AHG, MALDITOS SEAN TODOS, HIJOS DE PERRA- Los gritos no lo hicieron sobresaltar en lo más mínimo, se quedó neutral.
- ¡YA CÁLLATE, JUAN!- Alzó su cabeza, mirando al piso de arriba, arrepintiendose al instante- ¡Maldita sea! ¡LO SIENTO, ENSERIO!- Tapó su boca, empezando a respirar entrecortado.
- ¿Que mierda te pasa?- Juan bajó las escaleras, viéndolo con una mirada apagada.
- Lo siento, lo siento, mi señor, en verdad lo siento..- Ni por todo el amor que le tenía al ser su mejor amigo lo perdonaría, el lo sabía.
- Responde- Su voz era dura, mientras a pasos lentos se acercaba a él.
- N-no se que me pasó, en verdad, ruego que perdone mi... Mi... Comportamiento - Parecía que el efecto de la droga se había ido apenas Juan empezaba a bajar aquellas escaleras.
- ¿Perdonar?
"Salvame, Dios"
- Si, si, ya..- Empujó su cara en la mesa, haciendo que su nariz se rompiera.
- ¡Mnhg! ¡Se lo ruego, se lo ruego!- La sangre resbalaba por su nariz, pasando por encima de sus labios y cayendo en la mesa.
- No, cállate ya, ¿no?- Tomo la navaja de la mesa, sonriendo.
- ¡Señor Spreen, le ruego que me perdone!- Las lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas, el pelinegro seguía con su mirada sería sobre el, estaba pensando en que forma matarlo, porque, en definitiva, lo iba a hacer.
- ¿Crees que te voy a decir "¡Si, te perdono, porque delatarme no fue absolutamente nada!"?- Dió un rápido corte por su ojo derecho, sacándole un grito desgarrador al tipo.
- ¡AHHH! ¡NO, AHH, DUELE!- Se quejó, retorciéndose.
- ¿Ah, enserio? No me había dado cuenta, viste?- Río.
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No había pasado mucho, solo... ¿Una semana? Afortunadamente su querido amigo había logrado plantar aquel laboratorio en la zona, tal vez para su muy mala suerte.
Se encontraba en su casa luego de llegar de torturar a un traidor y estaba bebiendo un rico mate en la absorbente e innegable oscuridad y soledad de la misma. Hundido en su sucio y viejo sofá, bebiendo mate en el mismo porongo y la bombilla qué tenia desde hace trece años atrás. El porongo que le había regalado su padrastro.
Lo mismo que hace trece años, solo que ya no estaba en una familia abusiva. Después de todo, ya ni familia tenía.
Un furte golpe en la entrada de la casa lo hizo sobresaltar, habían rotó algo. Habían rotó la puerta. Se levantó tirando todo al suelo, las hierbas del mate se regaron en la alfombra y el porongo desapareció de su vista junto a la bombilla.
Sus piernas se movieron buscando su arma, ¿donde estaba su puta arma?
Se dió la vuelta, buscando entre las tantas mantas en el sillón. Sintió una fuerte patada en su espalda, otra en la cabeza y cayó al suelo.
Miró a quien le atacaba, una mujer.
Sintió la rabia hervir en sus venas, ella llevaba vendajes en sus muñecas y cuello. ¿Una mujer lastimada había logrado hacerlo caer?
No por mucho, perra.
Empuñó en su mano el cuchillo que había encontrado en el sofá y lo clavó en la pierna de esta, quien soltó un grito sordo dándole un puñetazo en la cara. Justo en la nariz.
Mucha fuerza.
-¡Quedate quieto, maldito idiota! - bramó ella dándole otro puñetazo.
Volvió a caer al suelo.
-¡No, no!-se negó y volvió a intentar dañarla, falló.
Falló una y otra vez.
Contra una maldita mujer.
Movía su cuerpo al compaz del silencio de su sala, intentando hacerle algún daño con aquel cuchillo.
Y solo logró hacerle un corte en el brazo, luego la pierna de la mujer se estrelló con su cabeza y cayó al suelo desmayado.
-Que puta mierda con este güey, chinga tu puta madre imbécil- masculló con odio la mujer- ¿¡PORQUE PUTAS ESTOY HACIENDO ESTO SI ESTOY HERIDA?! - gritó con odio, pateando el fragil cuerpo del chico en el suelo. - merezco un aumento...
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Yo te entiendo Ari, necesito un aumento. Hago esto aunque le traigo tremenda rabia a la Ari real en estos momentos, pero bueno.