ZIA
«Porque no descansaré hasta hacerla mía.» Aprieto la mandíbula repitiéndose aquella frase en mi cabeza. Reinstalándose aquel deseo de haberlo visto sufrir más de lo que pude haberle inducido, y sé que mis hermanos habrían hecho un excelente trabajo en ello, pero sencillamente no era posible entonces, había que asesinarlo. Aun así, no por ello dejo de atormentar a Akemi, ni siquiera a Drake.
Cuando su pequeña mano toma la mía me voy tranquilizando, ahora ambos están bien y eso es suficiente para mí.
Otro hombre hace acto de presencia contando ambos lo ocurrido aquel día confundiéndome ante sus palabras.
-¿Hay sobrevivientes? -escucho preguntar a Assim.
-Los hay.
Mi mano se entrelaza con la de Akemi tras el silencio que se produce tras aquellas palabras, él le hizo creer que todos habían muerto y en el tiempo en que Assim y Karim llevan aquí nunca supieron de ello. Los cuatro a mi derecha se muestran igual de perplejos.
-Bola de pelos -escucho a Assim llamar al castaño con el apodo que le ha dado, no es molesto y ya todos se han acostumbrado, a Drake el sobrenombre le tiene sin cuidado.
Pero aquellos que pertenecen a este clan fruncen el ceño, Drake me mira antes de bajar del sillón con la mirada de los varones en su anatomía, sus miradas se elevan a lo que supongo Assim lo ha tomado en brazos.
De pie les agradezco viendo de soslayo a Akemi exhalar para posteriormente soltar el aire procesando aún la información.
-¿Mamá está bien? -susurra el castaño una vez afuera del hogar con esos blancos ojos que lo caracterizan fijos en mi hermano.
Mi mirada viaja a la pelinegra mostrándose perdida como en los días de antaño, una imagen desalentadora.
-¿Te parece si hoy duermes con nosotros?
-¿Nosotros? -pregunta con su típica mirada curiosa.
-Enya.
-Amo a la tía Enya -responde causándonos sonreír.
Es algo que agradezco, antes debía dividirme entre uno o el otro, la preocupación de lo que ocurría con quien me encontraba y el tener que dejar al otro solo. Antes de todo esto, la incertidumbre era palpable en ambos, un miedo camuflado con la emoción de conocer el lugar del cual vengo, lo mejor ha sido ver sus sonrisas, el hecho de sentirse aceptados sin ser juzgados o recibir aquellas miradas desdeñosas. Aunque como en cada sitio en el cual hemos estado, nunca faltan de parte de ciertos individuos. Pero no por parte de ellos.
Pese a ciertas dificultades se han mostrado cómodos en su compañía, más relajados, incluso más felices como la ahora emoción reprimida que demuestra el castaño, amo cuando se muestra de aquella manera, el simple hecho de que alguien le ofrezca dormir a su lado le regocija, aunque a la par, se muestra preocupado por la pelinegra, hecho que demuestra al voltear en su dirección de vez en cuando. Siempre atento y preocupado por ella, siempre buscando lo mejor incluso si ello no lo incluía. Todas esas veces en que repetía ella lo odiaba, deseando verla bien, incluso alejándose con tal de no incomodarla cuando lo que más deseaba era permanecer a su lado y abrazarla.
Todos esos días terminaban siendo demasiado, no sabía realmente si en algo ayudaba cuando cada día era idéntico o peor al anterior. Muchas veces me sentí como ellos, lo creía todo perdido, que nada funcionaría. Cada día reprimiéndolo todo, debía estar bien por ellos, mostrarme bien, dolía ver sus lágrimas, que fuera el dolor la razón de sus abrazos, aun así, sus pequeños brazos resultaban reconfortante sumado a esa cálida temperatura que posee.
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Compromiso roto
VampireAkemi lleva años siendo sometida, prisionera de quien debía protegerla, mismo que lleva a cabo actos crueles con tal de satisfacer sus deseos carnales. La antes muñeca de porcelana, gentil y delicada, es ahora un simple títere que lleva tras de sí u...
