NARRADOR
Bajando las escaleras la puerta principal se abre dando entrada a dos jóvenes castaños, abruptamente, se detiene a unos pasos de los peldaños. Su pecho se apretuja nada más reconoce a la chica viendo imágenes que hasta ahora le perturban, donde el hermoso rostro de la joven siempre la hacía caer en la realidad, ese donde todo era tan lejano a ella, como pasar la mano por el agua distorsionando cualquier imagen en ella. Causando que el par de ojos azul oscuro se desviaran de su rostro, que la angustia la envolviera al ver esas manos ajenas entrar en contacto con la piel del joven que solía hipnotizarla, y que aún le produce admirarlo. El simple hecho de verla alejarlo le producía nostalgia, dejándole únicamente el recuerdo de sus ojos.
-Akemi...
Su atención se centra en el castaño que la mira con cierta curiosidad.
-Ella es Terumi, mi hermana.
Aunque el joven señala a su derecha no desvía la vista incapaz de verla una vez más percibiendo como su corazón golpetea en el interior de su pecho, así como una ola de tristeza la envuelve sintiéndose sumamente pequeña. Un ligero temblor apenas perceptible para ella se presenta en sus manos, reprimiendo lágrimas que se acumulan en sus ojos, se cierran en puño con el dolor en el pecho, apretándolos con fuerza ante la lucha interna de sentirse no pertenecer a ninguna parte, sin un lugar propio al cual ir y ocultarse. Cabizbaja mira hacia la sala, un amplio espacio, cómodo, pero demasiado general para su gusto. Cuando otras voces resuenan a su alrededor es incapaz de permanecer más tiempo en aquel lugar subiendo con prisa cada escalón hasta cerrar tras de sí la puerta de la habitación.
Mientras los presentes miran anonadados en dicha dirección, un par de iris blanco miran a su padre preocupado por la reacción de su madre.
Las lágrimas no tardan en descender por sus mejillas a la par que su cuerpo contra la puerta emitiendo leves sollozos que se escapan de sus labios. El resonar de unos pasos la hacen correr hacia la cama cubriéndose con la sabana con el fin de evitarlo, mordiendo su labio al percibir la colcha hundirse ante el peso a sus espaldas, apretando sus ojos con fuerza, reprimiendo sollozos con el fin de que no sean escuchados. Permanece quieta en su sitio tensándose al percibirlo, su cuerpo a centímetros, su embriagante fragancia envolverla ante su cercanía y un brazo alrededor de su cuerpo, abrazándola, lágrimas silenciosas empapan su piel deslizándose hasta la acolchada superficie. Permanecen de aquella manera incontables minutos, su pecho apretujado y el frenético movimiento de su vientre producto de su respiración agitada poco a poco se calman, su contacto, su aroma son como sedantes que apaciguan las tormentas que se forman en su interior.
Sus parpados liberan sus rojizos orbes una vez serena, con lentitud sus ojos se cierran antes de pronunciar palabra alguna, expresando su temor en palabras, la razón por la cual la presencia de aquella joven le afecta más que la de cualquiera, incluso sin siquiera conocerla.
-La única razón por la cual nos marchábamos cuando ella aparecía es para que no notara tu presencia, intentamos evitar que te viera.
Traga con dificultad sabiendo que es una más de los que saben la verdad, esa que duele, pero que ha sabido olvidar ante la personalidad de cada uno de ellos, frente al cálido trato que han tenido a con ella.
-Terumi es como una hermana, tal como Adel lo fue para ti -explica, causándole morder su labio inferior. -Aunque intentamos evitarlo, al final ella se enteró.
Sus ojos se cierran con fuerza producto de sus palabras, sus puños se cierran y muerde su labio con fuerza.
Abre sus ojos relamiendo sus labios ante la presencia de su propia sangre, suspira haciéndose a la idea que tanto teme, después de todo Enya tiene razón, en cualquier momento la verdad será inevitable, los murmullos en el reino serán imparables, al fin y al cabo, ya la presencia de Drake lo dice todo. Pero esa angustia es igual de inevitable, un miedo capaz de difuminarse, especialmente si lucha por no darle el poder que no debe poseer. Con ello en mente gira sobre su lugar otorgando una vez más su confianza en el pelinegro a quien mira una vez boca arriba hipnotizándose ante sus bellos ojos, él acaricia su rostro cerrando sus ojos a causa de la suavidad de su tacto, disfrutando de ello. Al volver abrirlos acaricia su parpado inferior descendiendo a su mejilla, acto seguido tanto sus ojos como sus dedos se desvían a los labios del pelinegro, al volver a sus ojos relame sus labios posándose la mano de él sobre la de ella, viéndolo depositar un beso en sus nudillos sin quitar su mirada de ella.
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Compromiso roto
VampireAkemi lleva años siendo sometida, prisionera de quien debía protegerla, mismo que lleva a cabo actos crueles con tal de satisfacer sus deseos carnales. La antes muñeca de porcelana, gentil y delicada, es ahora un simple títere que lleva tras de sí u...
