¡Esto es la Muerte!

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CAP. 30

¡Esto es la Muerte!

Desperté después de todo lo sucedido, el dolor en mi mano estaba muy presente.

Cuando abrí los ojos, estaba sola en la habitación, olía a sexo en su estado puro, a leña quemada y por supuesto a mi piel.

Lo busque con la mirada, pero no había nadie. Estaba sola.

Tenía atada el brazo que había marcado. Se veía mal, muy mal. El color de mi piel era rojo intenso.

-¡Joder!- dije a lo alto. Poco a poco me fui incorporando. Me senté, un malestar en el brazo me surgió. Una pequeña picazón. Aquel menester en querer rascarme me envolvió.

Con mi brazo sano, empece trazar pequeños toque al rededor de la herida. En medio de la "D" un pinchazo me asaltó. Emití un quejido, junto con el, un hilo de sangre.

Las lagrimas emergieron. Realmente dolía, y mucho. Necesitaba algo con que quitar el malestar. Pero mas que eso. El dolor de que haya pensado que me había ido. Jamás me iría, y menos ya llegando hasta este punto.

No podía tirar todo por la borda. Había casi, terminado el entrenamiento. Me lance al vacío. ¿Quién podría tirarse al vacío sin saber que le espera al final de la caída?

Exacto, la única con poco cordura. ¡Yo!

Me recosté nuevamente, acomodándome de lado. El pequeño hilo de sangre no paraba. Tome valor para que con la otra mano, apretara la herida y el dolor se fuera algunos momentos.

Lentamente lleve mi brazo no lesionado para ejecutar esa acción.

-¡No lo hagas! - brinque del susto. Era el.

Se acercó rápidamente, en su mano, una bolsa negra. Mis nervios empezaron a saltar.

Cerré mi ojos y me quede quieta.

-¿Porque cierras los ojos? Sabes que nunca te lastimaría- después susurro - Amenos de que quieras irte de mi-

Negué con la cabeza.

-¡bien! Vamos a curarte- me dijo.

De la bolsa saco una botella pequeña. La abrió y el olor a pomada me llego. Olía a Áloe.

Saco un par de guantes y se los puso, después apretando un poco la botella y tomando una porción moderada de la pomada la aplico lentamente en mi herida.

De reojo vi su marca. Ya no era LH, si no un LD.

¿Cómo diablos la cambio?

El frescor tranquilizo la comezón. Sentía alivio. Con una gasa, cubrió mi herida.

Después enrollo mi brazo con una venda, para que no pudiera moverse la gasa.

-¿Porque me hiciste eso?- salió de mi boca, y a la ves... Me arrepentí.

-¿Qué porque lo hice? Es fácil, tu me dejaste, me abandonaste cuando me habías dicho que ¡JAMÁS! Lo harías, y por eso te marque, nadie querrá a una zorra como tu, con una marca. ¡Mi marca!, y claro, también, siendo un poco cívicos, también me la hice yo. Nadie podrá separarnos, Gatita mía. Nadie, y si alguien lo hace... Lo mato, te mato, y me mato.- Me dijo con agresividad, y al final una risa malévola salió de el.

-Pero... Jamás de abandone, estuve aquí, solo fue un sueño, jamás de dejaría. No puedo vivir sin ti, no puedo vivir sin... - empece a llorar.

-No puedes vivir sin un poco de agresividad ¿verdad?, dime, ¿que se siente saber que cada ves que te azoto, te lastimo, te mojas y te pones como una perra en celo?, venga ¡dímelo!

¡Que te encanta gemir y pedir mas como una puta!¡Que te empale, y grites como una loca! ¡Que me la chupes y te atragantes! ¡Que te tomes hasta la ultima gota de mi!

¡DIME DE UNA PUTA VES, QUE SERÁS MI PERRA, MI ZORRA, MI PUTA!

¡QUE ERES MÍA!- escupió, y mis lagrimas brotaron mas y mas.

Tomo mi brazo con la marca y lo apretó, haciéndome gritar.

-¡SUELTAME! ¡Por favor! ¡Duele! ¡Duele!, ¡Si! Seré tu perra, tu gata, tu puta, soy tuya, desde que te conozco, pero ¡SUELTAME!- suplique.

Me soltó, el dolor era mas que intenso.

-¿Ves esto?- me señalo su marca; -La cambie, ya no eres una asquerosa Heartfilia, ahora eres Dragneel, es por ello que la H ya no esta. ¡Eres mía! ¡Solamente mía!- me tomo de la barbilla, y me beso, su agresivo beso. No abrí la boca, y como consecuencia, una fuerte mordida sabor a sangre salió, dando un gemido fuerte de dolor, me quito la sabana que tenía encima, se bajo los pantalones, y de una estocada, se adentró en mi.

Grite desesperadamente, no estaba lista, me dolía.

Sentí que algo me escurría entre las piernas. Me tomo del cabello y presionando mi cabeza contra la cama, me tomaba. Las lagrimas salieron, de repente salió de mi. Pensé estúpidamente que ya había terminado... Pero no fue así.

El sentir como me desgarraba, sentir un invasor, en ese lugar que jamás, había querido usar para una relación sexual. Era usado violentamente.

Sentía como me llegaba y yo gritaba de dolor.

¡Esto es la Muerte!

Mi muerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora