La verdad

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Elain

Elain no se fue.

No lo hizo porque la vergüenza de regresar a casa con sus hermanas fue mayor. Así que se quedó allí, sentada, observando mientras Tamlin pedía a sus empleados que arreglaran uno de sus barcos antiguos para zarpar.

– Otra vez en otro de sus bucles. – Dijo una voz molestamente conocida detrás de ella. Elain observó con cautela a Lucien. El zorro se acercó con tranquilidad y se sentó a su costado. La última vez que lo había visto le había dejado las cosas muy claras: no deseaba mantener ningún tipo de vínculo con él. Así que, ¿Qué diablos hacía allí?

– ¿A qué te refieres? – Se limitó a preguntar mordazmente. Lucien levantó la mirada con algo de cansancio.

– El jamás se recuperó. – Se limitó a decir y como no escuchó respuesta de Elain, el continuó. – Tamlin era amigo de Rhys, no tanto como Azriel y Cassian, pero eran amigos. El conocía bien a Erin, Algunos en la corte hasta decían que esa podía ser una futura alianza estratégica, que así se acabaría las disputas entre reinos, casándolos. Tamlin llegó a creerlo, llego a pensar que ella seria su esposa, tanto que le contó a su padre donde estaba Erin. Todo con el fin de secuestrarla, tenerla como una prisionera de guerra, creyendo estúpidamente que la protegería y que al final se casaría con él. Nunca pensó que su padre y sus hermanos tenían otros planes. Y bueno, a la mansión solo llegaron las alas.

Esta vez su silencio fue sepulcral y Elain sintió como si le hubiesen quitado parte de su corazón.

– ¿Y qué paso luego? – preguntó ella, no le importaba como Lucien estaba al tanto de que iba a visitar a Alina. Solo quería saber porque su amado sufría tanto.

– La masacre que dejó a Tamlin y a Rhysand como Altos Lores. Luego de eso Tamlin no volvió a ser el mismo. Se sentía tan mal y quería seguir sintiéndolo, que dejo las alas en la pared, puestas como un recordatorio macabro de lo que le había hecho.

Elain se tapó la boca con las manos. Completamente horrorizada por lo que le había pasado a Tamlin.

– ¿Por qué me estas contando esto? – preguntó ella. El la observa por instante largo y Elain realmente no entendió esa intensidad en la mirada. Había fuego en ella que la hace sentir incomoda. – ¿Por qué? – insistió, incomoda por su mirada.

– No todo gira en torno a ti, también me importa él. – respondió, pero Elain pudo ver algo más en sus ojos. El macho ocultaba algo.

– Dime. – Ordenó y por un segundo, Elain pudo sentir como todo su cuerpo vibraba, como esa magia antigua retumbaba en su pecho. Lucien abrió los ojos como platos, reconociendo algo en ella, que Elain sintió como miedo o sorpresa y luego se aclaró la garganta.

– Te digo la verdad, me importa él, ha sufrido mucho. Y tú, tú lo haces feliz.

– Ya no. Ahora quiere algo que no puedo darle. – dijo con tristeza.

– Esta en ese bucle de obsesión porque no sabe toda la verdad. – Elain lo observó con cautela, pero él solo le mostró su muñeca, tenía una pequeña runa, igual que la suya. Su hermana le había dicho la verdad de Alina y le había mandado allí, para que, ¿cuidarla? ¿robarla?

Se quiso alejar de Lucien, tenía miedo de que él la sacara de allí. Lucien fue más rápido y la tomó de la muñeca.

– La única forma de sacarlo de ese bucle es decirle la verdad.

– Tanto tu como yo sabemos que es imposible romper esto. – dijo ella girando bruscamente la muñeca del macho para dejar en descubierto el tatuaje de Lucien.

Una Corte de Sombra y EstrellasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora