Gwyn
El caos parecía no tener fin, y Gwyn apenas lograba procesar todo lo que sucedía a su alrededor. Rhysand habia dado la orden de atacar a los muertos, pero cada soldado caído se unía al ejército de Alina. El resultado era devastador y aterrador. Velaris se habia convertido en el campo de batalla que favorecía a los muertos con cada segundo que pasaba.
Gwyn recordó las palabras de Elle. Si salían de la ciudad, no les harían daño.
—¡Rhysand! —gritó con todas sus fuerzas—. ¡Debes permitir que la gente salga de la ciudad! ¡Alina no les hará daño si se van!
Rhysand la miró por un breve instante, su rostro se veía cansado por el esfuerzo de mantener a raya a las hordas de muertos.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Nesta desde el otro costado, su voz era rasposa mientras luchaba sin descanso.
—Lo sé porque Alina les advirtió en sueños —respondió Gwyn, sin tiempo para explicaciones más profundas.
Para su sorpresa, las palabras de Gwyn comenzaron a hacerse realidad. Las personas que habían permanecido en sus casas, escondidas y aterradas, ahora salían a las calles. Los monstruos, en lugar de atacarlos, se apartaban, como si un pacto invisible los mantuviera a salvo. Rhysand, al ver eso, finalmente asintió.
—¡Hagan un corredor seguro para evacuar a todos los que puedan! —ordenó.
Los jinetes de fuego controlados por la corona, dieron su último aliento para formar un pasillo, resistiendo con todo lo que tenían para que los muertos no cruzaran más allá. El corredor protegido se llenó de gritos, de pasos apresurados y de niños siendo llevados en brazos hacia la seguridad fuera de la ciudad.
Pero mientras la evacuación avanzaba, Gwyn se dio cuenta de lo inevitable: estaban perdiendo Velaris. Cada soldado que moría era otro que se levantaba bajo el control de Alina. La ciudad estaba cayendo, y su caída se sentía inminente.
En ese momento, Emerie soltó un grito desgarrador cuando un ator hundió sus garras en su brazo. Si bien la gente de la ciudad podría escapar, los soldados de Rhys estaban condenados a seguir luchando hasta morir. Gwyn y Nesta se colocaron a su lado, luchando con todo lo que tenían para protegerla, pero estaba claro que no podrían resistir mucho más. Gwyn, desesperada, silbó con todas sus fuerzas, llamando a su caballo de fuego. Si estaba cerca, quizas podría sacar a Emerie de allí.
Pasaron minutos interminables en los que el caos parecía detenerse por un instante. Los muertos dejaron de luchar, cayeron al piso como piezas de domino.
—Al fin... —murmuró Nesta, jadeando mientras observaba a su alrededor. El humo de los incendios seguía presente, pero por lo menos los muertos habían parado de atacar.
Pero el alivio duró poco. Gwyn miró a Emerie, su brazo estaba destrozado y la sangre manchaba todo a su alrededor.
—Feyre ha establecido una zona segura en la Casa del Viento —dijo Rhysand rápidamente—. Llévenla allí antes de que sea tarde.
Gwyn silbó de nuevo, con tanta fuerza que sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Esta vez, su caballo llegó, surgiendo de entre las nubes humo como un milagro.
—Llévatela —ordenó Nesta, la preocupación por Emerie era evidente en su voz.
Gwyn y Emerie subieron al caballo, aunque esta última apenas se logró sostener de Gwyn. Mientras volaban por los cielos de Velaris, Gwyn miró hacia abajo y vio toda la destrucción. La ciudad estaba perdida, en ese momento solo deseó con todas sus fuerzas que Elle estuviera a salvo.
De pronto, la calma desaparecio, los muertos volvieron a retomar su postura de lucha y justo en la base de las montañas que quedaban al frente de la Casa del Viento, donde se suponía que debía estar la zona segura, una grieta se abrió en la pared. De ella emergió Alina, montada en una inmensa bestia de huesos. Su presencia era aterradora y Gwyn se dio cuenta que ella ya no era Alina.
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Una Corte de Sombra y Estrellas
FanfictionUna Corte de Sombras y Estrellas cuenta la historia de Gwyn, Elain, Azriel y la misteriosa Alina. Una danzante de Arena que tiene el mismo rostro que la hermana asesinada de Rhysand.