La llegada a la mansión fue rápida y sin contratiempos. Sara bajo primero e iba a abrir la puerta a Alicia pero ella bajo sola y sin decir una palabra se dirigió al interior del lugar. Algo que sorprendió a la guardaespaldas que miro extrañada a Steven. Él no supo que decir, pues antes le pareció que la relación entre ellas se había suavizado un poco.
Sara suspiró profundamente y se dispuso a entrar a la casa. Repasando que era lo que podría haber molestado de nuevo a la heredera. Estaba perdida en sus pensamientos cuando de los arbustos que habían al lado de la entrada, alguien salto para intentar atraparla.
Sus buenos reflejos hicieron que se apartara a tiempo y lanzara una patada para apartar la amenaza. Se puso en guardia preparada para enfrentar al atacante cuando una sonora carcajada inundo el silencio anterior. Cuando la joven reconoció de quien se trataba, puso los ojos en blanco pensando en lo idiota que era.
- ¡Joder David! ¿Como apareces así? – preguntó Sara enojada – ¡Podría haberte disparado!
- Quería ver si seguías en forma – respondió el hombre riendo y tocándose el lugar donde Sara lo había golpeado.
- De verdad ¡Eres incorregible! – expresó la joven mientras ofrecía la mano al hombre – ¿Dónde está Rick? – preguntó al no encontrar a su otro compañero.
- Esta adentro con Jack y el nuevo cliente – respondió el nuevo guardaespaldas a su compañera – por cierto, menudo bombón acaba de pasar ¡Que suerte tenéis tu y chiquitín con los clientes! – expreso el hombre poniendo la mano en la cabeza de Steven.
- ¡Eh que 1,80 metros se considera una estatura alta para un hombre! – respondió Steven quitándose la mano de su cabeza – ¡Que tu seas un armario de más de dos metros no significa que yo sea bajito! – intento justificar el joven ante la montaña que tenía delante.
David y Rick eran las dos últimas incorporaciones al equipo, ellos había combatido junto a Sara y Steven durante sus años en el ejército. Los dos eran dos gigantes de más de 2 metros y más de 150 kilogramos de puro musculo. En las misiones donde tenían que entrar a un sitio peligroso ellos eran los que causaban una distracción destruyendo todo lo que encontraban a su paso.
- ¿Y supongo que tú te quedaste para darnos la sorpresa? – preguntó Sara mirando desaprobatoriamente a su compañero.
- ¡Oh venga Sara no te enfades! Te prometo seré el más profesional de tus trabajadores – respondió el hombre mientras reía y ponía su enorme brazo alrededor de los hombros de la guardaespaldas – ya sé que con las bromas de chiquitín ya tienes suficiente.
- ¡Ay dios! ¿cuándo será el día en que los dos maduren? – preguntó Sara poniendo su mano en la cara. Cubriendo la sonrisa que esto le causaba. Ya que sabía que eso era parte del encanto de sus amigos.
- ¡Sí Sara! Además, alguien tiene que quitarte esa cara de pocos amigos que llevas siempre – bromeó Steven abrazándola también – David y yo somos el alma de este equipo – expresó el joven con suficiencia.
- Pues... menudo alma – respondió Sara sonriendo – mejor vamos adentro a reunirnos con Jack y Rick.
Los tres jóvenes entraron en la mansión y se dirigieron al salón donde estaban reunidos los otros hombres. Durante el trayecto, David y Steven iban hablando sobre la última misión que tuvieron y lo aburrida que fue. Debido a que solo consistió en hacer tareas de vigilancia afuera de los edificios en los que el cliente se encontraba.
Los dos extrañaban sus tiempos en el ejército, donde el peligro asechaba en cada esquina y cada misión podía ser la última. Sara los escuchaba atenta. Aunque para ella los años en la tropa también fueron buenos años. Su objetivo en el ejercito fue aprender todas las técnicas de combate que este podía ofrecerle.
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Sombras del pasado
Roman d'amourUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
