En un recóndito bar a las afueras de la ciudad. Eduardo Domínguez y Fabian González estaban sentados tomando una copa mientras esperaban a alguien. Los dos habían decidido hacer una investigación más exhaustiva sobre el grupo de guardaespaldas de la agencia Stone. Ya que por lo que parecía. Sería muy difícil enfrentarse a ellos directamente y sin un buen plan previo.
Sobre todo a los dos perfiles con los datos ocultos por el gobierno. Es por eso por lo que Fabian había contactado con un antiguo agente de la CIA. Quien había sido expulsado de la agencia por sospechas de que estaba vendiendo información a países enemigos y ahora sobrevivía, oculto vendiendo sus secretos al mejor postor.
Pronto en su mesa se sentó un hombre de mediana edad, con una prominente calva que intentaba ocultar, peinando sobre ella los pocos cabellos que le quedaban. Tenía bastante sobrepeso y sudaba en exceso, limpiándose compulsivamente la frente con un pañuelo de tela.
- ¿Han traído lo que pedí? – preguntó el hombre, que miraba paranoicamente a todos lados.
Eduardo paso un abultado sobre marrón debajo de la mesa y se lo entregó al hombre que lo abrió y comenzó a contar el dinero.
- Cincuenta mil dólares en billetes pequeños y usados, como nos pidió – respondió Eduardo, mirando al patético hombre con desagrado.
- Bien, parece que esta todo – dijo el hombre metiendo el sobre en un raído maletín que tenía – ¿Que quieren saber? – preguntó poniendo sus dos manos juntas encima de la mesa.
- Necesitamos información sobre la agencia de seguridad privada Stone – explicó Fabian – hemos averiguado que todos sus guardaespaldas trabajaron con anterioridad en grupos de elite del ejército.
- Ah el equipo de Jack Stone. Son lo mejor de lo mejor, cada uno de sus miembros podría causar mucho daño a cualquier organización que se pusiera en su camino. Son expertos en diferentes áreas. Sus misiones siempre resultaban siendo un éxito, incluso cuando estas se complicaban. Como pasó en Brasil hace unos años – relataba el hombre tranquilamente.
- ¡Eso ya lo sabemos! – expresó Eduardo molesto – queremos información más confidencial de este grupo. Sobre todo de estas dos personas – dijo el joven pasando una carpeta donde el hombre pudo ver las imágenes sin rostro de dos de los miembros del equipo.
- Entiendo, estas dos personas son Jack Stone y su sobrina Sara Stone – explico el hombre mientras buscaba unos documentos de su raído maletín – Tengo un par de fotos de ellos – dijo el hombre entregándole las fotos a los hombres.
Eduardo y Fabián se quedaron mirando las imágenes en blanco y negro de Sara y Jack y volvieron a mirar al hombre que sonreía satisfecho.
- ¿Que nos puede decir de ellos? – preguntó Fabián curioso.
- Si en ese grupo hay lo mejor de lo mejor. Ellos son la elite. Uno solo de ellos podría acabar con el gobierno de un pequeño país. Sara Stone ha participado en tantas misiones secretas que en la CIA tuvieron que abrir un departamento, solo para controlar lo que hacía – explico el hombre mirando la fotografía de Sara.
- ¿Y porque no siguen trabajando para el gobierno? – preguntó Eduardo intrigado.
- Por lo que tengo entendido se cansaron de hacer misiones donde podían morir inocentes, solo para satisfacer los intereses de agencias cada vez más corruptas – explicó el hombre con decepción en su mirada.
- ¿Y por qué el gobierno no intentó acabar con ellos? Por lo que tengo entendido es lo que suelen hacer cuando los agentes se revelan – preguntó Fabián curioso.
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Sombras del pasado
RomanceUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
