La llegada de los miembros del cartel al almacén fue tensa. En el aire se respiraba un aroma de derrota. Luciano Domínguez estaba intentando con mucho esfuerzo contener su ira para no matar a otro de sus hombres. Entre las bajas que habían causado el equipo Stone y su hijo, sumándole a los hombres que había asesinado estos días, su grupo se había visto reducido. Sin contar con los malditos desertores que habían huido después de fallar su misión.
Los miembros del cartel observaban cautelosos a su jefe. Sin saber que hacer para no hacerlo enfadar. Ellos sabían perfectamente que en ese momento aquel hombre podría estallar por cualquier mínima cosa que pasase. Pero también se sentían un poco perdidos después de tantas derrotas seguidas.
En los años que llevaban perteneciendo a esa organización, nunca habían perdido una misión. Todos sus objetivos terminaban cayendo. De una manera u otra, pero esta maldita familia se había protegido bien.
Con parsimonia el mafioso tomo un vaso y lo llenó hasta arriba con wiski, para dar después un largo trago de la bebida color ámbar. Con cautela uno de sus hombres se acercó a preguntar algo que los tenía dudando a todos.
- Pa... patrón los... muchachos y yo nos preguntamos ¿Qué es lo que tenemos que hacer ahora? – preguntó el hombre con temor por la imprevisible reacción de su jefe – hemos vuelto a fallar otra misión y parece que no hay manera de acabar con esa familia. Ya hemos perdido a bastantes miembros señor – explicó – creo que deberíamos de volver y dejar esto así – propuso ante la mirada impasible de su jefe.
Sin medir palabra Luciano sacó su revólver y disparó al hombre en la cara a quemarropa. El resto de los hombres vieron como su compañero caía al suelo inerte, con la cara desfigurada por el impacto de la bala. El comentario impertinente había logrado que la ira que el mafioso había intentado contener, saliese de la forma más brutal y agresiva.
- ¿USTEDES CREEN QUE YO NO SÉ QUE LAS COSAS ESTAN SALIENDO MAL PANDA DE INUTILES? – gritó el mafioso encolerizado – ¡LLEVO MUCHO TIEMPO DETRÁS DE ESAS PERSONAS COMO PARA DEJARLAS TRANQUILAS AHORA! ¡EL CARTEL DE JUAREZ NUNCA PIERDE! – expresó con rabia.
Los hombres lo miraron aterrorizados. El pensamiento general en ese momento era que su jefe estaba perdiendo la razón e iba a terminar matándolos a todos. Fabian quien escuchó el disparo y los gritos, entró al despacho a ver qué era lo que pasaba. Viendo el cadáver desfigurado en medio de la sala.
- ¿Luciano otra vez? – preguntó el hombre con cansancio por la facilidad con la que su socio acababa con sus hombres – ustedes salgan de aquí y desháganse de ese desgraciado – ordenó.
Luciano lo miró con ira, pero no dijo nada. Sabía que Fabian tenía razón, estaba actuando demasiado impulsivo. Aunque ese entrometido se mereciese morir. Volvió a tomar un largo trago de wiski y se sentó en su sillón con pereza. Cuando sus hombres salieron con el cadáver se dispuso a hablar.
- Si vienes a darme un sermón sobre como debo comportarme es mejor que te lo calles – aconsejó el mafioso – no estoy de humor.
- Veo que la misión falló. No sé porque ese hombre quiso adelantar las cosas. Fue muy precipitado y al final no salió con nada – dijo Fabian mirando con decepción a su socio.
- Sí, supuestamente el plan sería para el miércoles que viene, pero debió de pasarle algo con el equipo Stone que lo hizo querer acabar con todo y me obligo a movilizarme, pero créeme, ese maldito pelirrojo me las va a pagar – expresó molesto el mafioso.
- ¿Y podemos seguir usándolo? – preguntó curioso Fabián.
- Al parecer en la mansión piensan que el intentó escaparse para que no lo inculparan de la muerte de su compañero – explicó Luciano – no sé si ahora pueda sernos de utilidad.
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Sombras del pasado
RomanceUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
