Epílogo

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El inicio del verano comenzaba a notarse en las costas españolas. Turistas de diferentes partes del mundo se agolpaban en las diferentes zonas costeras; disfrutando del sol, el calor, los diferentes eventos culturales y la deliciosa comida que la gastronomía española les ofrecía.

Sara caminaba tranquila por el puerto de la ciudad, llevaba unos cuantos días allí y el sol ya había bronceado su piel.

La joven vestía unos pantalones de lino y una camisa de seda. Tejidos perfectos para las altas temperaturas del sur del país. Aunque estaba de vacaciones, su profesión la seguía manteniendo alerta a cualquier movimiento extraño a su alrededor. Cosa que nadie notaba debido a sus gafas de sol.

Una hermosa y acalorada Alicia se acercó a ella con un helado de vainilla en su mano; el sabor favorito de Sara. El sol también había tostado su piel dándole un bonito color dorado, lo que hacía más llamativos sus hermosos ojos azules.

Sin pensarlo Sara tomo su mano y la besó suavemente.

- Lo siento no pude evitarlo ¡Eres hermosa! – expresó la guardaespaldas besando suavemente sus labios.

Alicia se sonrojo un poco, avergonzada por la inesperada demostración de cariño de su novia.

- ¡Me encanta cuando haces esas cosas! – confesó la joven ruborizada.

- Es lo que me produce estar cerca de ti – respondió con una tímida sonrisa la guardaespaldas.

La heredera volvió a besarla con sus labios sabor a vainilla y chocolate.

- Sabes he tenido una muy interesante charla con el heladero – informó Alicia en tono misterioso – su familia ha trabajado en esa heladería desde 1925 y ellos conocen a todas las personas que han vivido y que viven en el pueblo – expresó viendo como Sara se tensaba con la expectación.

- ¿Eso quiere decir qué? – preguntó extasiada la guardaespaldas.

- La familia De la Garza ha vivido en este pueblo toda la vida y su última descendiente aun habita en la mansión familiar y lo mejor es que está muy cerca de aquí.

Sara tomó la mano de su novia y comenzó a andar entusiasmada. Llevaba días buscando pero parecía que su abuela Rut tenía muy bien oculto el lugar donde vivía. Debido a que era una figura reconocida en el mundo de la alta costura, mantenía un perfil bajo en cuanto a su ubicación.

- ¡Sara cariño para un segundo! – exigió Alicia quien estaba siendo prácticamente arrastrada por su novia.

- ¿Por qué? – preguntó desconcertada la guardaespaldas.

- ¿Acaso sabes a donde nos tenemos que dirigir? – Pregunto Alicia mirándola con ternura. Era tanta la emoción de la chica que no se había parado a pensar en ese detalle.

- ¡Oh! Quizás es bueno saber a donde tenemos que ir – respondió avergonzada.

Alicia sonrío y tomo su brazo. El heladero había quedado embelesado con la sonrisa de la heredera y estuvo dispuesto a darle toda la información que ella le pidió.

Según el hombre la mansión se encontraba protegida por las grandes dunas que estaban a las afueras del pueblo. Por eso no se podía observar a simple vista y la mujer no solía recibir las visitas o los repartidores por esa entrada, la cual estaba fuertemente custodiada.

La entrada principal se encontraba en el pequeño y escondido puerto, justo debajo de un acantilado. Donde sus trabajadores amarraban su yate y había un helipuerto para salir a la ciudad. Entrada a la que solo se podía acceder bajo previo aviso.

Sombras del pasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora