Los primeros rayos de sol se colaban por la ventana. Alicia, acostumbrada como siempre a despertarse temprano abrió los ojos. Extrañada en un principio del lugar donde se encontraba. Pero luego, al sentir el delicioso aroma de la hermosa mujer que estaba su lado, abrazándola. Recordó todo lo que había pasado la noche anterior.
Hipnotizada por las facciones de su amante repasó cada centímetro de su rostro. El cual ahora dormido, emitía una profunda paz. Sin poderse contener, depositó un dulce beso en los labios de Sara. Quien al sentir el contacto, despertó perezosa y abrazándola fuerte la atrajo más hacia ella. Haciendo que posase su cabeza entre su pecho y besando su frente cariñosamente.
- ¡Buenos días dormilona! – expresó Alicia encantada de estar entre los pechos de Sara.
- Bueno, estoy un poco cansada. Anoche no me dejaste dormir mucho – respondió Sara sonriendo traviesa.
- Es que... tu eres tan... deseable – intentó explicarse Alicia con el rojo cubriendo su rostro, escondiendo su cabeza entre el pecho de su amante.
Sara sonrió cálidamente y tomó el mentón de la chica con suavidad, obligándola a que la mirase.
- Yo tampoco quería parar anoche. Tu cuerpo, toda tu eres como una adicción para mí – expresó Sara para después besarla dulcemente.
Alicia respondió a ese beso. Primero suavemente para después intensificarlo más, volviéndose exigente con el paso de los segundos. Con agilidad, se puso a horcajadas sobre Sara, quien sonriendo, la recibió encantada.
- ¿Aun te quedan energías? – preguntó Alicia excitada.
Sara la miro con deseo, para después agarrarla por las caderas.
- Solo con tenerte así, ya se renuevan por completo – contestó la guardaespaldas, tomándola por el cuello y besándola apasionadamente.
Los besos de su guardaespaldas producían en Alicia un excitación que nunca antes había sentido. Eran dominantes y necesitados. Como si cada vez que la besase, requiriese mucho más de ella que la vez anterior. La heredera simplemente se rendía ante tal exigencia y se dejaba llevar por el placer.
Pero esta vez quería devolverle a su amante un poco de todo el delicioso placer que recibió la noche anterior. Así que tomó las manos de Sara e hizo que las pusiese encima de su cabeza. Para tener libre el resto de su increíble y sensual cuerpo.
- ¡Quédate así! – ordenó, mirándola con sus ojos oscurecidos por el deseo.
Sara la miró y sonrió complacida. Esos días había descubierto que le encantaba cuando Alicia le ordenaba algo. Simplemente no podía negarse a cumplir sus órdenes y deseos. Callada decidió hacer lo que su amante le pidió.
La heredera satisfecha comenzó a dar dulces besos en la cara de su guardaespaldas. Empezó por la frente, bajando hasta las mejillas, las cuales besó dulcemente cada una. Beso sus labios suavemente, con calma, Quería disfrutarlos sin prisas. Sara encantada por esta dulzura, correspondió de la misma manera.
Bajo hasta su cuello. Mordiendo primero el lóbulo de su oreja, algo que hizo que Sara emitiera un gemido. Esa era una de sus zonas erógenas. Alicia satisfecha con ese descubrimiento, decidió quedarse allí un rato mientras sus manos bajaban hasta los pechos de su guardaespaldas.
- ¿Así que he descubierto tu punto débil Sara? Quiero que estes así, disfrutando a mi merced – susurró la heredera en oído, volviendo a chupar su lóbulo.
- Ah... es... puedes hacerlo el tiempo que quieras – respondió la guardaespaldas entre suspiros.
Alicia decidió dejar de torturar esa parte tan sensible y comenzó a bajar por su cuello, dejando dulces besos y pequeños mordiscos por el camino. Sara intentó mover las manos para tocarla y sentirla, pero cuando la joven vio su gesto. Tomo sus manos de nuevo y con un movimiento brusco las volvió a poner encima de su cabeza.
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Sombras del pasado
RomansUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
