Las primeras luces del amanecer comenzaban a mostrarse en el horizonte. Luces que le dieron la señal a las amantes de que era hora de separarse, después de haber podido disfrutar esa magnifica noche juntas.
Sara estaba terminando de vestirse con la atenta mirada de Alicia puesta en ella. La guardaespaldas se acercó a la cama y besó de nuevo los labios de su amante. Quien la abrazó fuertemente, sin ganas de dejarla ir.
- Amor tengo que irme. Ya sabes que Steven dijo que me cubriría hasta el amanecer – le recordó Sara a su amante.
- Lo sé pero no me pidas que te deje ir así sin más – expresó Alicia escondiendo su cabeza en el cuello de Sara.
La guardaespaldas tomó su mentón e hizo que la mirase. Para ella también era difícil levantarse e irse como si nada después de todo lo que había pasado entre ellas esa noche.
- Voy a quedarme en la puerta hasta la mañana, Steven y los otros guardaespaldas tienen que descansar. Y tú también deberías de dormir un poco más – recomendó Sara a una cansada Alicia – no es que hayamos dormido mucho – le recordó con una picara sonrisa.
- ¿Y tú no tendrías que descansar también? – pregunto molesta la heredera.
- Yo estoy entrenada para poder estar alerta aun durmiendo pocas horas, no te preocupes – explicó la guardaespaldas.
Alicia la miró molesta, pero Sara volvió a robarle un beso. Le encantaba cuando ponía esa cara de enfadada.
- Tengo que irme – dijo Sara mientras le daba besos cortos.
- Te acompaño a la puerta – ofreció Alicia levantándose y siguiendo con los besos.
La guardaespaldas abrió la puerta y salió seguida por la heredera, quien continuaba con la sesión de besos.
- ¡Ejem, ejem! – carraspeó Steven sentado en la silla de la entrada – parece que voy a tener que dejarles más tiempo – dijo viendo divertido como las dos mujeres lo miraban sorprendidas y sonrojadas por la vergüenza.
- Yo... yo me vuelvo adentro – informó Alicia sonriendo avergonzada, pero no se aguantó las ganas de darle otro beso a Sara antes de entrar – por cierto Steven... ¡Gracias! – expresó antes de ingresar en la habitación.
Sara se quedó mirando a la puerta con una sonrisa tonta en el rostro.
- ¡UY! ¡La cosa va muy en serió! – expresó el joven en tono burlón – bueno es algo que tienes que agradecerle a tu cupido personal – fanfarroneó.
La guardaespaldas no era una persona de demostraciones de afecto y menos con Steven, pero en ese momento le salió abrazarlo con fuerza. Ante la sorpresa de su amigo, quien tardó en reaccionar pero después recibió la muestra de cariño con gusto.
- ¡Gracias amigo! Mi relación con Alicia está siendo... no sé cómo explicarlo. Me hace querer hacer y sentir cosas que nunca pensé permitirme – confesó Sara a su amigo.
- ¡No sabes lo feliz que me hace oírte decir eso amiga! Ya pensaba que te ibas a volver la vieja loca y amargada de los gatos – bromeó el guardaespaldas – hasta pensaba comenzar tu colección regalándote uno en tu 30 cumpleaños – dijo sacando la lengua.
Sara le dio un golpe cariñoso en el hombro, sonriendo por su ocurrencia.
- Bueno quizás ahora en cuanto pueda arreglar las cosas con Marla y podamos acabar con la misión, podríamos tener una cita doble – propuso el joven, que no notó como se tensó su compañera al oír eso.
- Steven... creo que primero deberías hablar con Marla. Antes... antes de hacer todos esos planes – recomendó Sara preocupada.
- Sí, sí lo se... lo que pasa es que esa chica me gusta mucho y no puedo evitar imaginar esas cosas – reveló el joven con cara ilusionada a su amiga.
ESTÁS LEYENDO
Sombras del pasado
RomansaUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
