En una vieja y poco frecuentada hamburguesería de la ciudad. Tres hombres se encontraban charlando en voz baja. Mirando para los lados paranoicos, por si algún desconocido estaba oyendo lo que decían.
Fabian observaba con cansancio a los dos hombres que tenía delante. Llevaba cerca de una hora explicándoles porque los había citado allí y cuál era el nuevo camino que quería trazar ahora para el cartel. Pero parecía que el enorme temor que le tenían a Luciano los hacia dudar de llevar a cabo este plan.
- No es por ser agorero jefe Fabian, pero ¿Usted se ha pensado bien esto? – preguntó temeroso uno de los hombres. Quien deshilachaba una servilleta en un intento de aplacar sus nervios.
- A ver Mauricio ¿Que opciones tienen ustedes dos? – preguntó molesto el mafioso – Volver a la base para decir que fracasaron de nuevo
- Eso creo que ya no es una opción – respondió el otro hombre cabizbajo, sabedor de cual podría ser el horrible destino que les esperaba si volvían.
- ¡Exactamente! Luciano esta fuera de control. Ya ha matado a tres de los nuestros y no le va a temblar el pulso con ustedes dos – explicó Fabian mirando a sus hombres con determinación para que captaran lo que intentaba advertirles.
- Entonces si la cosa es así ¿Como se supone que tenemos que actuar ahora? – preguntó curioso Mauricio – si quitamos al patrón del medio ¿Quien va a ser el nuevo patrón? ¿Usted?
- No, si yo hago eso los hombres me tomaran como un traidor avaricioso de poder. No tendré suficientes apoyos y terminaríamos perdiendo – explicó calmado Fabian – necesitamos a alguien en el que los hombres vean a un verdadero sustituto de Luciano – dijo con una media sonrisa.
- La única persona que me viene a la cabeza es Eduardo. Pero él está desaparecido desde que el jefe descubrió lo que hizo con sus hombres – dijo pensativo Mauricio.
- No está tan escondido como Luciano piensa, de hecho acaba de llegar – expresó Fabian viendo como alguien encapuchado entraba por la puerta y se dirigía hacia su mesa.
Los dos hombres voltearon a mirar y en frente de ellos se encontraron a un desaliñado pero sano y salvo Eduardo Domínguez. Con el mismo porte imponente que tenía su padre. El joven se sentó en la mesa, al lado de su padrino. Quien le puso la mano en el hombro con cariño.
- Patroncito... ¡Nos alegramos de que esté bien! – expresó Mauricio en tono tímido.
- Sí don Eduardo. Es una suerte que el patrón no lo haya encontrado – dijo el otro hombre en un tono más alegre.
- ¿Qué hacen ustedes dos aquí? – preguntó desconfiado el joven.
- Desde que te fuiste tu padre está descontrolado. piensa que tiene enemigos en todos lados. Ya ha matado a varios de nuestros compañeros que han fallado en los intentos de atrapar a Alicia Wilson – explicó Fabian con calma.
- ¿Ya ha terminado de perder la cabeza? – preguntó el joven sonriendo con amargura. Sabía que su padre le había puesto una cruz y no podría salir fácilmente de esa situación.
- Si patrón y hoy nosotros también fallamos en nuestra misión por lo que preferimos huir de nuestro destino. Es por eso que nos comunicamos con don Fabian y él nos explicó el plan para ayudarlo – explicó temeroso Mauricio.
- ¿De que plan se trata? – preguntó Eduardo extrañado a su padrino.
Fabian lo miró con cariño y poniendo un mano en su nuca se dedicó a relatar lo que había urdido para poder ayudarlo a salir de esa precaria situación en la que se encontraba.
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Sombras del pasado
RomanceUna experimentada guardaespaldas con un trágico pasado es contratada para proteger a la caprichosa hija de un multimillonario. Esta ha sido amenazado por un peligroso cartel mexicano. El choque entre las dos fuertes personalidades de las mujeres ha...
