Capítulo 4

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Como todas las mañanas Alicia despertaba con los primeros rayos de sol que se colaban por su ventana. Nunca había sido una persona de quedarse hasta tarde en la cama. Pensaba que así aprovechaba mejor el día. Como todas las mañanas despertó, abrió las cortinas de su habitación y salió al balcón a ver como terminaba de salir el sol.

Pero ese día no solo había en el aire el ruido de los pájaros que anidaban en los árboles cercanos. También escucho las voces de varias personas que en ese momento estaban reunidas en el jardín que estaba debajo de su habitación. La joven pronto reconoció a los miembros del equipo de seguridad de la familia, comandados por Sara.

Todos estaban vestidos con ropa de deporte dispuestos a hacer alguna actividad que llamo la atención de la heredera. Quería ver de cerca lo que la nueva guardaespaldas tenía planeado hacer con su equipo, así que cambio su pijama por ropa de deporte y salió de la habitación con dirección al jardín trasero.

En la entrada de la habitación se encontró con Steven. Quien, como le había explicado el día anterior, estaría haciendo guardia en la puerta por si surgía algún percance mientras ella dormía.

- ¡Señorita Wilson buenos días!- dijo el joven levantándose de la silla en la que estaba sentado.

- ¡Buenos días Steven! y por favor, llámame Alicia – pidió la joven mientras se dirigía a la escalera que la llevaba al piso de abajo.

- ¿Va a hacer ejercicio? ¿quiere que la acompañe?- preguntó el guardaespaldas al ver a la joven en ropa de deporte.

- No, solo quiero comprobar una cosa – respondió Alicia mientras abría la puerta del gran ventanal que daba al jardín trasero.

En el jardín trasero, Sara estaba en frente del grupo personal de guardaespaldas de la familia Wilson. Había estado leyendo los informes de cada uno de los miembros y observo que solo habían realizado cursos de seguridad privada, tenían algunas nociones de defensa personal y no tenían experiencia militar, por lo que ninguno había estado en medio de un combate real.

Eso la preocupaba mucho. Ya que en el caso de un ataque del cartel, estos pobres hombres no tendrían ninguna posibilidad. Y aunque ese día llegarían los últimos miembros del equipo que ella selecciono para la misión, el número de efectivos seguía siendo pequeño en comparación de la cantidad de hombres con la que podían contar sus enemigos.

Es por eso que había tomado la decisión de entrenar personalmente a los miembros del equipo de seguridad. Dándoles al menos una pequeña oportunidad si se encontraban cara a cara con uno de esos atacantes sanguinarios.

- Bien, a partir de hoy quiero que todas las mañanas nos reunamos aquí al amanecer. Necesito prepararos para la amenaza que se viene – explicó Sara mientras miraba con determinación a cada uno de los miembros del equipo.

- Creo que yo y todos mis compañeros sabemos defendernos bien. No necesitamos que nadie venga a entrenarnos – replicó uno de los hombres que estaba allí.

Sara se quedó mirándolo unos segundos. Pronto entendió lo que su compañero le había dicho el día anterior.

- ¿Supongo que tú eres Rob?- preguntó la guardaespaldas ya sabiendo la respuesta.

- ¡El mismo! – expresó él abriendo los brazos dándose importancia – y hablo en nombre de mis compañeros cuando digo que no necesitamos más entrenamiento – dijo esto sonriendo, sin darse cuenta que sus compañeros lo miraban con desaprobación.

- Está bien, si estas tan seguro de esto no te importaría demostrármelo ¿verdad? – lo retó la joven. Mirándolo con una sonrisa amable.

- ¡Por supuesto! Tranquila no le hare mucho daño – dijo el hombre con suficiencia.

Sombras del pasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora