Capítulo 19

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En su despacho, Luciano Domínguez esperaba impaciente noticias de sus hombres. Al parecer la infiltración en el edificio había sido un éxito. Rob o Thomas o como se quisiese llamar ese infeliz, había hecho muy bien su trabajo.

Cuando en la mansión repartieron las tareas de vigilancia. Él se presentó voluntario para vigilar con su compañero la puerta de servicio más alejada del edificio. Al parecer no le tembló la mano para deshacerse del otro hombre. Era tal su deseo de tener a la princesita solo para el que no le importaba a quien se llevaba por delante.

Si tan solo el pobre desgraciado llegase a sospechar que simplemente iba a ser el facilitador para que Alicia Wilson por fin estuviese en sus garras. El mafioso sonrió con malicia. Miro en su ordenador algunas fotos de la chica. Llevaba días fantaseando con ella, masturbándose hasta el agotamiento. Imaginando todas las perversiones que tenía preparadas para su llegada.

A lo largo de su vida se había obsesionado con varias mujeres a las que había podido obtener con facilidad. Incluso una vez llegó a pensar que se había enamorado. La mamá de Eduardo. Maria era una jovencita muy hermosa que vivía en un pueblo cerca de donde él tenía una de sus haciendas.

Era pura e inocente y creyó todos los inventos que le dijo. Ella se enamoró profundamente de él y se entregó en cuerpo y alma, hasta decirle un día que estaba embarazada.

Para Luciano ese fue el día más feliz de su vida. Le iban a dar un heredero. Ese día festejó con toda la gente del pequeño pueblito donde se escondían de las autoridades. A su mujer se le estaba empezando a hacer extraño que siempre se estuviesen moviendo. Al principio él la convenció de que era porque tenía varios negocios alrededor del país y los tenía que atender.

También para que ella no sospechase se encargaba de sus asuntos más turbios fuera de las casas donde vivían. Había creado una burbuja perfecta para que su mujer estuviera tranquila y feliz.

Con el pasar de los meses surgieron varios problemas con competidores de la zona y el mafioso tenía grandes dificultades para no mostrar su verdadero ser a su mujer. Un día mientras los dos compartían un desayuno acompañados de su mano derecha Fabian, uno de los hombres vino a informarlo, susurrando al oído del fracaso de una operación por la intervención de un cartel enemigo.

La ira pudo con Luciano. Quien encolerizado tiro al suelo todos los platos de la mesa. Maria preocupada por el repentino arrebato de su marido, intento calmarlo. Pero este, cegado por la ira, le propinó una fuerte cachetada que la hizo caer al suelo.

La mujer desconcertada y con un labio roto por el fuerte golpe, lo miro con un profundo terror. Y se levantó del suelo ayudada por Fabian, quien lo miró con desaprobación. Esta situación en lugar de crear un sentimiento de arrepentimiento en Luciano. Le produjo una gran excitación.

Después de esa situación. Luciano mostro su verdadero rostro, intentaba no golpear muy fuerte a su mujer ya que ella tenía lo más importante para él. Su futuro heredero. Pero cada vez que podía descargaba su ira contra ella. Obligándola a tener sexo con él en reiteradas ocasiones y haciéndola ver como tenía sexo con otras mujeres.

Se había obsesionado con verla sufrir. Sus lágrimas y sus lamentos lo excitaban y sus vejaciones iban en aumento. Hasta que un día, buscando a su mujer para otra de sus sesiones de tortura. No la encontró en ningún rincón de la casa, simplemente había desaparecido sin dejar rastro.

Algunos de los hombres que estaban allí pagaron las consecuencias de la huida de María. Pero, a pesar de todos los medios que usó para buscarla, no logro encontrarla. Era como si se la hubiese tragado la tierra y con ella su heredero.

Con el paso de los años no detuvo su búsqueda y no porque quisiese a esa traidora de vuelta. Era por el pequeño que ella esperaba. Ese niño estaba creciendo lejos de su sombra y quien sabe que estupideces le estuviese enseñando su madre.

Sombras del pasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora